Foto: Archivo/Síntesis

Los primeros días de cada año se lleva a cabo en la Ciudad de México la Reunión de Embajadores y Cónsules de México (REC). En dicha reunión participan todos los embajadores y cónsules que nos representan en el exterior, funcionarios de la Cancillería y de otras dependencias federales, académicos y analistas reconocidos. El objetivo de esa reunión es analizar la actualidad de nuestro país y del mundo, debatir y diseñar estrategias para alcanzar los objetivos de política exterior de nuestro país. La REC es usualmente clausurada por un evento en que embajadores y cónsules se reúnen con el Presidente de la República.

La REC de este año giró en torno al tema del cambio de administración en los Estados Unidos, las repercusiones que tendrá para nuestro país, y las acciones que se llevarán a cabo para contrarrestar sus efectos más negativos, como no podía ser de otro modo. Pero también permeó en toda ella la llegada del nuevo Canciller, Luis Videgaray. Mucho se ha escrito ya acerca de su famosa expresión en la que aceptaba llegar a la Cancillería a aprender; sólo me propongo agregar que sus antecesores en este sexenio, José Antonio Meade y Claudia Ruiz Massieu tampoco eran diplomáticos ni tenían experiencia en el manejo de la Cancillería, por lo que también llegaron a aprender, aunque no lo dijeran. Lo mismo puede decirse de otros ex Cancilleres como José Ángel Gurría o Luis Ernesto Derbez, entre otros.

Entre los cancilleres sin experiencia, que llegaron a aprender, ha habido aquellos cuya curva de aprendizaje fue más prolongada que la de otros; ha habido aquellos que han aprendido mucho y han hecho un buen papel y aquellos que no lo han conseguido. Habrá que esperar para analizar si el actual Canciller logra aprender el oficio diplomático y si su conducción de la política exterior logra conseguir los objetivos que nuestro país se fije.

Por lo pronto, en la REC pudo comprobarse que Luis Videgaray es un funcionario inteligente, que entendió con rapidez el fondo de los temas que se le presentaron como los más relevantes y que propuso una línea muy clara para la diplomacia que pretende ejercer: una con énfasis en los temas comerciales, recuperando el papel que la Cancillería tuvo durante decenios en materia de promoción comercial y que había sido otorgado hace un par de sexenios a ProMéxico. Es discutible si el rumbo de la diplomacia mexicana en los siguientes años debe ser adoptar un énfasis en los temas comerciales o centrarse en los valores y principios que tradicionalmente han caracterizado la política exterior mexicana. Los resultados de la diplomacia que propone el Canciller Videgaray frente a los desafíos de la política exterior mexicana y particularmente el gobierno del Presidente Trump, se conocerán a mediano y largo plazo.

El mayor problema que enfrentará el Canciller Videgaray es que necesita aprender rápido el oficio para poder ejecutar con eficacia las estrategias que se definan para conducir a México en el mundo. El dato crucial en este sentido, es el nombramiento que haga el nuevo Canciller de sus subordinados; si él acepta desconocer el oficio, sería recomendable que los Subsecretarios y Directores Generales, así como los Cónsules y Embajadores que se nombren, sean personas con conocimiento profundo de la diplomacia y la realidad mundial. Por otro lado, es deseable que el Canciller y aquellas personas que lleguen con él a la Cancillería, realmente busquen aprender, consulten a los diplomáticos de carrera y no impongan su propia visión de la diplomacia, que según él mismo reconoció, es la de aprendices.

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