Después de muchos años, a través de un proceso gradual y, sobre todo, como producto de una lucha perseverante de las mujeres por participar en condiciones de igualdad, libre de cualquier forma de discriminación, hostigamiento, agresión, laceración, explotación, lesión, denigración, humillación, abuso, lesión, exclusión, lucro, violencia, trata, violación y cualquier otra acción u omisión en contra de su persona, integridad, tranquilidad, dignidad, desarrollo, reconocimiento y respeto como ser humano sujeto de derechos; ONU Mujeres –entidad de la ONU para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer- estableció el 8 de marzo como el día en que anualmente se conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona.

Hasta ahora, la historia ha registrado diversos acontecimientos que por su trascendencia e importancia, pudieran considerarse como reivindicatorios de su condición de ser humano. Sin embargo, fue en 1910, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas reunidas en Copenhague, en donde Clara Zetkin y Kathy Duncker, representantes del Partido Socialista Alemán, presentaron la propuesta de conmemorar un Día Internacional de la Mujer. El objetivo era promover la igualdad de derechos, incluyendo el sufragio para las mujeres.

A través de una consigna, ONU Mujeres establece cada año un tema dedicado a la jornada del Día Internacional de la Mujer. Este año será: “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030”. La intención es reflexionar respecto de los avances alcanzados, exigir más cambios y celebrar la valentía y la determinación de “mujeres de a pie”, cuyo papel es trascendental para su entorno, comunidad y país.

Las Naciones Unidas reflexionarán este 8 de marzo respecto a cómo acelerar la “Agenda 2030” y establecer nuevos compromisos de los gobiernos bajo la iniciativa “Demos el paso” de ONU Mujeres, y otros compromisos ya existentes en materia de igualdad y derechos humanos de las mujeres.

En 2015, fue acordado por consenso el documento “Transformando nuestro mundo: La Agenda 2030 para el desarrollo sostenible”. Este documento fue adoptado formalmente por los líderes del mundo durante la Cumbre de las Naciones Unidas para el establecimiento de la agenda de desarrollo posterior a 2015, celebrada en Nueva York del 25 al 27 de septiembre de 2015.

Los objetivos clave de la “Agenda 2030” son, entre otros, los siguientes: Para el año 2030, velar porque todas las niñas y niños concluyan la educación primaria y secundaria, gratuita, equitativa y de calidad, con resultados escolares eficaces; poner fin a todas las formas de discriminación contra todas las mujeres y las niñas del mundo; eliminar todas las formas de violencia contra todas las mujeres y las niñas en los ámbitos público y privado, incluidos la trata y la explotación sexual y otros tipos de explotación; así como eliminar todas las prácticas nocivas, como el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina.

Sin duda alguna, todos estos objetivos son importantes. Los acontecimientos y vidas de cientos, miles o millones de mujeres que han servido de causa o motor para que se diera este avance histórico, lento y progresivo, nos obligan a todos, ciudadanos y autoridades, a actuar con responsabilidad, seriedad y honestidad. Contamos con un marco jurídico sólido, desde nuestra Constitución Política, instrumentos internacionales suscritos por México, legislación secundaria, hasta diversos protocolos en la materia que establecen líneas de acción para prevenir y sancionar cualquier tipo de violencia o discriminación contra las mujeres.

Bajo estas circunstancias, resulta reprobable y contrario a derecho la discriminación y violencia contra las mujeres por parte de los hombres, pero aún más reprochable cuando ésta proviene de las mujeres y totalmente inadmisible cuando se da por parte de las autoridades. Qué decir cuando la misma se da bajo la combinación de este último supuesto, y si la autoridad persigue o pregona los principios democráticos peor aún. ¿Por qué? La razón es muy simple. Por un lado, los instrumentos internacionales establecen normas para que las autoridades e instituciones públicas se abstengan de incurrir en todo acto de discriminación o violencia contra las mujeres, y por el otro, porque estaría actuando en contra de su propia naturaleza, valores y principios.

El próximo 8 de marzo será un día en el que converjan diversas actividades coordinadas en favor de los derechos de la mujer y su participación en la sociedad y la política. Sin embargo, como expresamente lo refiere ONU Mujeres, la intención es celebrar la valentía y la determinación de “mujeres de a pie”, es decir, de aquellas que se atrevieron a decir basta y poner un alto a cualquier abuso a su persona actuando en consecuencia. Por ello, las personas y más aún, las autoridades, que no tengan la calidad moral por acción, omisión, complicidad o silencio, mejor que no participen o muestren señales de un falso interés. Cualquier acción en ese sentido será, por lo menos, un acto deshonesto e irresponsable, ofensivo para todas aquellas mujeres con arrojo y decisión.

Diversas instituciones públicas en México han desarrollado acciones para privilegiar la participación de la mujer en todos los ámbitos.

Nuestra próxima entrega abordará el tema de la distritación electoral de Puebla. Hasta pronto.

Carlos Montero Catalán

Vocal del Registro Federal de Electores del INE en Puebla