Hace algunas semanas tuve la oportunidad de ir a almorzar al mercado Primero de Mayo, lugar donde estoy convencido que venden ricos manjares para paladares exigentes, sopa, guisado, frijoles, tortillas de comal, agua fresca, y un sinfín de antojitos que deleitan a cientos de comensales que acuden día a día.

Y justamente en mi visita por ese lugar, a mi costado derecho se sentó una señora de aspecto desgarbado, pelo corto, con un arete en la ceja derecha, una indumentaria juvenil, pero sin mayores cuidados, y un asiento más allá, me pude percatar que se encontraba un hombre de edad madura, pero sonriente, con guayabera, pantalón café y sandalias, quienes degustaban de un rico mole de panza en el caso de la mujer, y un chamorro en el caso del caballero.

En cuanto pedí lo que iba a comer, que era carne de puerco en salsa verde, voltearon a mi platillo y recuerdo perfectamente que ella dice “se ve muy bueno el mole”, como cortesía le agradezco su comentario y los invito a probar de mi platillo, que sin más ambos estuvieron de acuerdo.

Ahí empezamos a interactuar, nos presentamos, ella se llama Sara y él Alfredo, y por lo que pudimos dialogar, me hicieron saber que ellos venían de Oaxaca, pero que se dedican a viajar por todo el país, y principalmente por los municipios de todas las entidades, para conocer sus costumbres, culturas, tradiciones. A lo largo de 3 o 4 meses viajan en un vehículo muy básico, por todas las carreteras de país, eso sí, siempre por la libre, para evitar que el costo de sus viajes sea oneroso.

Alfredo dedicado a la música, con estudios en la UNAM y Sara, con estudios de Matemáticas, también en la máxima casa de estudios, coincidieron en la vida y decidieron caminar juntos, por fortuna ambos con los mismos ideales: no acumular nada de cosas materiales y vivir intensamente hasta el último día.

Con todo el entusiasmo de contar sus historias, sus peripecias, sus experiencias, han recorrido más del 70 por ciento de los municipios del país, según me dijo Sara, comen siempre en los mercados o tianguis, y duermen simplemente donde les agarra el sueño, normalmente se aparcan en las gasolineras, donde reclinan sus asientos y con eso es suficiente.

Platicamos de gastronomía, música, cultura, tradiciones, y aunque de origen Sara es de Michoacán y Alfredo del norte del país, coinciden que la gastronomía hidalguense es la mejor que han probado, la más basta, la más especial, y no dudan en ir al valle del mezquital, para degustar de una rica barbacoa y conocer sus balnearios.

Coincidimos que aun cuando podemos tener un trabajo estable, que amamos, y una vida social activa, nada puede compararse con la experiencia que viajar puede brindar. Visitar otros lugares cambia la expectativa de las personas, y a través de la gente, la cultura, la comida y la música se puede apreciar lo maravilloso que es la vida.

Las personas que viajan y degustan de una buena comida tienen una forma distinta de ver la vida, son gente positiva, emprendedoras, siempre pensando en su próximo viaje a explorar. Ya sea que viajes a otros países, o al interior del tuyo viajar es una experiencia que se disfruta y se traduce en beneficios a nuestra salud y estado de ánimo.

Para despedirnos, intentamos echarnos un “palomazo” que evidentemente quedó en buenas intenciones, pero que Alfredo con sonrisa franca goza y goza, “La vida es un carnaval”, de la inolvidable Celia Cruz.

 

Hasta la próxima

✉️ enriquerojas005@gmail.com

Twitter: @enriquerojas05

COMPARTIR