México. La única vez que Miguel Filemón Santana migró a Estados Unidos fue mientras encontraba la mejor manera de hacer más productivas sus tierras. En 1995 decidió conquistar el “sueño americano”, ahorrar cada dólar ganado y adquirir la tecnología necesaria para incrementar su cosecha de chiles miahuatecos.

“Es una variedad de chile muy costosa y los recursos no daban para sostenerla por los plaguicidas. A veces era más lo que uno invertía, que lo sacaba”, argumentó el productor de 56 años de edad.

Recordó que cinco años antes -1990- inició con su cultivo de chile miahuateco de forma tradicional y utilizó el sistema de riego rodado, empero, se vio obligado a salir de su comunidad por la falta de recursos económicos para absorber los elevados costos de producción.

El habitante de Tepanco de López, en Puebla, es un hombre de tez morena y estatura media, orgulloso de su nacionalidad, perseverante, con visión de negocios y certeza de que la unión es la clave para emprender cualquier sueño.

Con esta fuerte convicción nadie ha podido detenerlo desde su llegada al vecino país del norte y regreso a México. Ni los oficiales de migración, ni las pesadas jornadas laborales y mucho menos los caprichos de la naturaleza, el polvo o los intensos rayos solares del campo agrícola.

Cuando Santana Serrano pisó el suelo de Los Ángeles, California, olvidó casi todo. Contó a Notimex que es técnico en mantenimiento industrial, pero durante casi 10 años trabajó en el campo y los jardines de algunas casas por la necesidad y “el esfuerzo de traer algo”.

“Es durísimo y uno trabaja lo doble que aquí (México)”, apuntó, al señalar que Estados Unidos es un país de primer mundo, de oportunidades y con mejores salarios porque “empecé ganando 4.50 por hora y obtuve hasta 18 dólares después de haberme especializado” y asumir el desafío de aprender cada trabajo.

A pesar de que en aquel momento tuvo todo, algo lo inquietaba: extrañaba a su familia. “Uno quisiera abrazar a los niños y a la esposa, pero nada más se quedaba con las ganas y la bolsa llena de dinero”, comentó entre lágrimas y la voz cortada.

Recordó que él decidió cruzar de manera ilegal cuando dos de sus cuatro hijos apenas tenían tres y seis años de edad. “Cuando regrese estaban ya grandes”, acotó y, al mismo tiempo, habló sobre lo complicado que también era vivir escondiéndose de “la migra” para evitar ser deportado.

“Uno está como dice la canción de los Tigres del Norte: la ‘jaula de oro’ no deja de ser prisión y nada más no podemos salir”, apuntó mientras continua de pie sobre aquellos surcos de tierra que un tractor hizo tiempo atrás y después fueron rellenados con semillas criollas de chiles miahuatecos.

México, la tierra añorada

A diferencia de otros paisanos que deciden hacer una vida en aquel país, Santana Serrano sabía que la meta consistía en ahorrar cada dólar ganado y retornar lo antes posible a Tepanco de López, una comunidad muy cercana a Magdalena Cuayucatepec y Tehuacán, para trabajar en sus tierras.

Siempre se cuestionó: ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Vine a trabajar en el campo? ¿También tengo mis tierras? ¿A eso vine después de dejar todo en México? Estuvo inconforme mientras pensaba en que solo le faltaba llevar los recursos económicos suficientes y la tecnología.

Un día miró que los campesinos de Estados Unidos contaban con un sistema de riego tecnificado, de energía eólica y con paneles solares. Entonces, el conquistador del “sueño americano” invirtió en dichas innovaciones y regresó a Puebla en 2004.

Doce meses después, el señor Filemón habilitó un pozo de agua cerca de su sembradío y le adaptó celdas solares para producir energía y, de esta manera, llevar el líquido por sistema de goteo. También colocó un mecanismo de acolchado para proteger los terrenos frente a la evaporación excesiva.

Si bien dio avances importantes, la producción de chiles miahuatecos aún seguía siendo a cielo abierto y esto implicaba un riesgo ante las bajas temperaturas.

Por ello, el productor poblano solicitó al Instituto Nacional de la Economía Social (INAES) un apoyo por 500 mil pesos para la construcción de macrotúneles sobre una superficie de siete mil 500 metros cuadrados.

Este terreno forma parte de las 16 hectáreas que son destinadas para la producción de chile miahuateco, una variedad endémica de la región que es consumida por su especial sabor y picor en los municipios de Tehuacán, Tepango de López, Santiago Miahuatlán y San Gabriel Chilac, principalmente.

“Di otro paso hacia la agricultura protegida”, enfatizó el emprendedor mexicano, quien mencionó que estas acciones le han permitido asegurar 70 por ciento de la cosecha porque el año pasado perdió 400 mil pesos después de caer una fuerte granizada; “y contra la naturaleza nadie puede”.

Aunado a ello, Santana Serrano, en conjunto con sus cuatro hijos -tres varones y una mujer- instaló un vivero para germinar las semillas que más tarde, cuando aparecen las primeras hojas verdes, son trasplantadas a los terrenos utilizados para la siembra.

Subrayó que la producción de ají, como también es conocido en otras regiones de América, asciende a casi 30 toneladas por hectárea, de las cuales 25 son de chile verde y el resto corresponde al deshidratado.

El inmigrante mexicano aseveró que esa producción de verdura apenas alcanza para cubrir la demanda local, y resaltó que el propósito es incrementar el número de toneladas para comenzar a venderlas en otras entidades del país. “Es un sueño que también puede hacerse realidad”, recalcó convencido.

Luego de los resultados obtenidos, el señor Filemón está convencido de que no hay necesidad de volver a migrar al país vecino porque “México tiene mucho, es rico en recursos naturales y sus productos son muy valiosos”.

“A mí me gustaría volver a ir a Estados Unidos, pero solamente a pasear porque la verdad aquí (México) gano lo triple de lo que obtenía allá”, añadió mientras se desplaza, acompañado de su familia, sobre las matas de los chiles miahuateco y luego se inclina para cortar uno por uno.

 

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