Desde 2004, cuando se conoció el video donde René Bejarano (coordinador del PRD en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal) recibió una considerable cantidad de dinero de las manos de Carlos Ahumada (empresario); los testimonios grabados de políticos recibiendo dinero se han hecho comunes.

Seguramente no hemos conocido todos los actos de corrupción del que son sujetos los funcionarios públicos, pero lo cierto, es que con frecuencia la facilidad de contar con un teléfono celular que puede grabar aquellos hechos se vuelve una sana costumbre.

Ahora bien, los ciudadanos hemos aprendido muy bien la lección. Es decir, tener la posibilidad de grabar un hecho de esta naturaleza y poner en evidencia a los corruptos. Sin embargo, algo me hace pensar que los políticos no han aprendido nada.

Es una verdad incuestionable en la vida, pero sobre todo en política, que no existe nada gratis. Es decir, la política es movida por intereses y el hecho de que una persona pretenda dar dinero a un político tiene más de una interpretación.

Por principio de cuentas la voluntad del político que acepta un soborno es vulnerada desde el principio. Es decir, aquel que acepta dinero una vez lo aceptará más veces. Es claro que lo difícil es hacerlo por primera vez pero después se pierde la cordura (si es que alguna vez se tuvo). La segunda consecuencia natural es que se generan compromisos incómodos. El que acepta dinero está sujeto a otras voluntades y a que decidan por él. Por último, aquel que se deja corromper pierde integridad personal. Se vuelve un vulgar esclavo del dinero.

Bajo estos parámetros, la diputada de Morena Eva Cadena Sandoval, mostró ante miles de personas que fueron testigos de su comportamiento su debilidad e ingenuidad. Esta mujer quien fuera evidenciada en un video donde es captada aceptando un soborno se volvió el tema más álgido de esta semana.

Hay que resaltar que la inexperiencia de la señalada se hizo notar cuando toma el dinero que “supuestamente” estaba destinado para su campaña. Y lo peor, cuando sin ningún pudor, también toma lo correspondiente para una tercera persona. Que en este caso, según la persona que estaba repartiendo los recursos, estaría destinada para Andrés Manuel López Obrador.

Es una barbaridad que la diputada local no haya tenido la precaución de pensar que ese dinero era una trampa. Peor aún que no haya tenido la sospecha de ser utilizada como comparsa de intereses ajenos. Y por último, de intuir que podía ser grabada igual que otros personajes que son comprados por dinero.

La ambición parece no tener límites y por eso los políticos son tan predecibles. Porque todavía consideran que los puestos públicos son oportunidades de vida que se deben aprovechar en propio beneficio y sacar lo que se pueda sacar de esa posición de poder.

Bajo esa lógica la diputada que vimos en los recientes videos perdió su pasaporte a una vida mejor. Porque recientemente anunció que renunciará a la candidatura de la alcaldía de Chiapas, Veracruz. También renunciará a la militancia de su partido y seguramente no encontrará cabida en la actividad pública por un buen rato.

Lo anterior por medio millón de pesos en efectivo para que, supuestamente, los hiciera llegar al líder nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

 

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