La compra compulsiva de ropa, deformación de Occidente con dinero, es una auténtica dependencia y trae dos consecuencias negativas: genera un impacto ambiental no menor y no da felicidad.

Estas son las conclusiones de un informe encargado por Greenpeace en China, Hong Kong, Taiwán, Italia y Alemania, entre diciembre de 2016 y marzo de 2017, en ocasión del Copenhagen Fashion Summit, el principal foro mundial de la industria para la moda sustentable.

“Nuestros sondeos muestran que a la compulsión de compra le sigue un bajón emotivo, hecho de vacío, sentimiento de culpa y vergüenza”, explicó Kirsten Brodde, protagonista de la campaña Detox my Fashion, citó la agencia ANSA

“Las personas comienzan a darse cuenta de que están atrapadas en un ciclo insatisfactorio de moda, por la obsesión de seguir nuevas y efímeras tendencias, y que finalmente la superabundancia de ropa que poseen no lleva a una felicidad duradera”, agregó.

“Las marcas de indumentaria deberían cambiar radicalmente su modelo de negocio, trasladando la atención de la producción de la cantidad hacia la calidad y duración”, concluyó.

El número de prendas de vestir producidas cada año alcanza cifras de unos 100 mil millones y empresas del “fast fashion” como H&M, Zara, Primark y Uniqlo, contribuyeron a duplicar la producción mundial en los últimos 15 años.

Las colecciones presentes en los negocios de estas marcas se renuevan cada semana e, impulsados por la novedad, los consumidores compran más ropa y la desechan también más rápidamente, aumentando así los miles de millones de residuos en las áreas de descarga.

Los compradores compulsivos de moda acumulan vestido tras vestido, aunque saben que no podrán utilizarlos, y a menudo el día después la emoción se vuelve culpa. Es un fenómeno internacional, alimentado también por el “fast fashion” de vestimenta, zapatos, bolsos y accesorios.

China y Hong Kong se ven particularmente afectados, pero también ocurre en Europa. La mayoría admite tener más ropa de la necesaria (60 por ciento China, 60 por ciento Alemania, 51 por ciento Italia, 68 por ciento Hong Kong y 54 por ciento Taiwán).

Muchos no se usan y hasta con la etiqueta todavía puesta (51 por ciento China, 41 por ciento Alemania, 53 por ciento Hong Kong, 46 por ciento Italia, 40 por ciento Taiwán).

¿Por qué se compra demasiado? No porque se necesite algo, sino sobre todo por motivos sociales y emotivos como el alivio del estrés, aumentar la confianza en sí mismos, obtener reconocimiento ajeno sobre el propio estar a la moda.

Los “consumidores excesivos” compran más de lo que pueden permitirse (46 por ciento China, 24 por ciento Alemania e Italia, 42 por ciento Hong Kong, 29 por ciento Taiwán).

Un tercio se sienten vacíos, aburridos o perdidos cuando no están haciendo compras, y alrededor de la mitad de los consumidores admite que a veces oculta las compras ante otros por miedo a reacciones negativas o a ser juzgados.

Las compras vía Internet solo empeoraron la patología.

¿Cuánto dura la satisfacción? Todos los entrevistados concuerdan en que es bastante breve, incluso un solo día (48 por ciento China, 65 por ciento Alemania, 59 por ciento Hong Kong, 65 por ciento Italia, 55 por ciento Taiwán).

“En el actual sistema de moda -explicó Kirsten Brodde- las empresas gastan miles de millones de dólares para vendernos falsos sueños de felicidad, belleza y sugestión ligada a los productos que comprar”.

“Pero seríamos mucho más felices si las etiquetas de moda ofrecieran ropa de alta calidad y duración, ofreciendo a los clientes asistencia y reparación de los vestidos. Nosotros y el planeta no nos merecemos menos”, subrayó.

La campaña “Detox my fashion” de Greenpeace, empeñada en un sector textil más limpio, prevé la participación de 79 marcas mundiales de textiles y proveedores para impedir, en 2020, el uso de sustancias químicas peligrosas en su cadena de aprovisionamiento.