Un politólogo italiano (Gianfranco Pasquino) asegura que en los sistemas democráticos el voto puede ser voluntario o estratégico. Es decir, los ciudadanos pueden acudir a sufragar de manera voluntaria (si así lo deciden); o bien, puede utilizar el voto como un instrumento estratégico.

El especialista considera que en los sistemas de poca competitividad el ciudadano tiene la opción de votar de acuerdo a su voluntad (a veces disminuida por la carencia de competencia). Por el contrario, en un sistema muy competitivo el ciudadano es estimulado para participar de manera estratégica emitiendo su sufragio.

Bajo esta lógica, lo que está ocurriendo en Estado de México es la manifestación expresa de que nuestro sistema electoral se encuentra en una etapa de alta competencia donde el voto se convierte en parte de una estrategia política de alto nivel.

Dicho en otras palabras, ahora el voto cobra una dimensión muy peculiar. A través de ese mecanismo se puede apoyar o castigar al sistema. Ese nuevo rol de ciudadano capaz de ser estratégico con sus gobernantes le suma contenido a una débil democracia social.

Se ha especulado mucho sobre lo que va a ocurrir en Estado de México y su próxima (y muy competitiva elección). Casi todos los posibles escenarios se han estudiado con esmero por parte de los especialistas. Pero lo que quiero resaltar aquí es el escenario de alta competencia electoral que estaremos por presenciar en unos cuántos días. De esta manera, por fortuna, nos acercamos a esa opción que veía el politólogo italiano. Ese escenario de alta competencia es favorable para consolidar la democracia (al menos en el ámbito electoral).

Tomando en cuenta estos parámetros, se debería de ver con naturalidad las alianzas electorales aun cuando la lógica política rechace esas coaliciones. Al ser estratégico el voto los partidos políticos estarán realizando alianzas de toda naturaleza para posicionarse en la oferta (caduca e híbrida) de políticos con mayor presencia ciudadana y menor compromiso partidista.

Esa es, quizá, la motivación que hace que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido Acción Nacional (PAN) ahora se presenten juntos en alianzas estatales con miras a ir juntos en la elección presidencial de 2018. El mismo criterio es utilizado por Morena para abrir las puertas de los operadores políticos de Nueva Alianza.

Mientras que los partidos minoritarios estarán por dar su apoyo a los mejores posicionados en la arena electoral.

De esta manera, el voto, ese instrumento que era meramente simbólico al inicio de nuestra democracia, ahora se vuelve un instrumento estratégico que determina el futuro político del sistema.

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