Javier Aparicio, un connotado académico del CIDE, integrante del comité de expertos encargados del diseño e implementación de la encuesta de salida encargada por el IEEM, para dar cuenta de las tendencias de los resultados electorales en el Estado de México, es un caso paradigmático del papel de un cúmulo de intelectuales al servicio del fraude a la democracia electoral. Estoy por solicitar al IEEM, en términos de la ley de transparencia, información sobre los honorarios devengados por cada uno de estos expertos, que no tuvieron empacho en conceder que se diesen a conocer las cifras de su estudio, incluso con el señalamiento de que éstos indicaban una diferencia significativa e irreversible, pese a que las casillas muestreadas abarcaban apenas el 75% de la muestra.

La segunda parte de esta historia es el mismo Javier Aparicio, ahora en su papel de opinador público, defendiendo a ultranza los datos arrojados por el Programa de Resultados Electorales Preliminares y los de su propio sondeo, en conocido artículo intitulado “El fraude de mentiritas”, en el que se solaza falseando los argumentos fallidos, legalmente poco o nada probatorios, de AMLO y los portavoces intelectuales de Morena.

Personalmente, y lo digo con tristeza, ni cómo ayudarles: se trata de partícipes de un debate chatarra, en el que los contendientes sólo se sostienen por la penuria argumental de su contraparte. A este respecto, sin duda, son interesantes los hallazgos de AMLO y su equipo de trabajo, en el que documentan el increíble patrón de participación electoral muy por encima de la media de la entidad en cuatro o cinco distritos electorales con predominio de votantes en situación de pobreza o pobreza extrema. Si nada extraño o corrupto sucedió aquí, resulta entonces que el PRI descubrió la fórmula para invertir los términos de la regla de experiencia universal según la cual la pobreza y la pobreza extrema ralentizan la participación político electoral.

Buen punto para Javier Aparicio y compañía. Aún si fuesen ciertas esas cifras, como parece que lo son, todavía existe en el sistema jurídico un largo, y al parecer insalvable, trecho para acreditar el fraude. Con esos argumentos, y el conocimiento que tiene Aparicio sobre las actividades del cómputo inicial, resulta una tarea simple para él y nuestros sesudos intelectuales desmontar los reclamos sobre el fraude.  Una cuestión distinta sería que el sofisticado Aparicio, pretensiones leguleyas aparte, ofreciera hipótesis alternativas al citado patrón de hiper politización de los pobres y los pobres extremos en los señalados distritos.

Muy mal punto para AMLO y su staff de expertos que a estas alturas del partido sigan navegando en las olas de la ignorancia y la complacencia sobre el complejo montaje de mecanismos del fraude. En este punto, con las salvedades del caso, tiene razón Aparicio al sugerir que es un error buscar el fraude en donde es menos detectable y menos comprobable jurídicamente: los cómputos en las casillas.

Frente a la enorme inventiva del hampa electoral, que descubre áreas de oportunidad para cometer fraude en los meses anteriores a la jornada electoral, resulta necio e incomprensible querer tapar el pozo cuando el niño ya está ahogado.

El fraude electoral, por si no se había notado, comenzó hace mucho tiempo, con la captura de las instituciones electorales por parte de los tres partidos con mayor peso en el Congreso Federal. No es accidental la ceguera selectiva del árbitro frente a la violación sistemática de la equidad electoral y la coacción de los votantes; tampoco lo es la indiferencia del Tribunal Electoral frente a las amenazas al ejercicio de los derechos político-electorales; y mucho menos lo es la inutilidad de la FEPADE para atender los probables ilícitos que están a la vista de todos.

Al amparo de la negligencia ostensiva de las autoridades electorales, de este modo, surgen los mercados negros de servicios electorales, cuya rentabilidad para las hampas está fuera de duda. Destacan aquí los expertos en la compra-venta y movilización del voto el día de la jornada electoral; las casas encuestadores, que producen la información y los sesgos a la medida de quién paga; los call center, para hacer propaganda negativa; los robots, para crear trending topics; los expertos de la política, para acompañar procesos truculentos, como la integración de los órganos electorales o las encuestas de salida; y así por el estilo.

No son éstos todos los mercados negros habidos y por haber, ni tampoco son los peores. Para documentar lo peor, hay que echarle una miradita al Consejo General del INE y a los consejos generales de los institutos electorales locales, a cuyo amparo sucede lo inenarrable: la partidización extrema y la renuencia a atraer la organización de los procesos electorales sumidos en todo tipo de vicios y corruptelas.

¿Con cargo a quién, por ejemplo, será la sustitución de más de cuatro mil funcionarios de casilla en el Estado de México? ¿Con cargo a quién las sospechas de que se trató de un operativo bien calculado en contubernio con las autoridades electorales del IEEM, para sacar ventaja de la recomposición de las mesas directivas de casilla? ¿Con cargo a quién la autorización de dar a conocer un estudio de tendencias electorales, al margen de los protocolos científico-técnicos del cálculo y la composición muestral?

A la vista de todo esto, tiene razón Aparicio. Lo de menos es lo que suceda en el espacio de la admisión y cómputo inicial de la votación. Curiosamente, pese a ello, son estos intelectuales los que luego practican sesudos análisis de comportamiento electoral, ignorando la pesada carga de lo espurio. Y, curiosamente también, las autoridades del INE de lo único que quieren hacerse cargo es de lo que sucede cuando ya se hizo fraude en todo cuanto fue posible.

Paradojas de nuestro México, ahora que la evidencia es más apabullante sobre la corrupción de las autoridades electorales y el proceso electoral, su más férreo crítico parece haber optado por entrar en el juego enfermizo de nuestra supuesta democracia electoral.

¿Con eso nos alcanza para el 2018?

*Analista político

@franbedolla

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