Cuentan los abuelos que hace mucho tiempo en la laguna de Acuitlapilco vivía una serpiente, grande, enorme, majestuosa, fungía como una especie de centinela en el lugar, pero la laguna comenzó a sufrir los estragos que le ha ocasionado el ser humano bajando de nivel, por esa razón se le comenzó a ver más frecuentemente hasta que ya no pudo seguir habitando en ese lugar, entonces tuvo que buscar otro lugar donde vivir, pobladores de San Francisco Tetlanohcan cuentan que la llegaron a ver cuando pasaba por su calles cuan larga y grande es, con dirección a La Malinche, en donde seguramente se encuentra ahora.

Un poblador de San Tadeo Huiloapan, acostumbrado a andar en tramos del bosque, en una de esas ocasiones observó a la distancia sobre los árboles una luz, por lo que supuso que se acercaba al pueblo y lo que estaba viendo era una lámpara, pero a medida que se acercaba parecía que esa luz se iba moviendo, alejándose, hasta que llegó a distinguir que ese objeto no era una lámpara, era una mujer montada en una escoba y que los acechaba a él y a su esposa porque llevaban en brazos a un bebé.

Estos son unos ejemplos de tradición oral, el medio por el que han llegado hasta nuestros días diversas costumbres, tradiciones y leyendas, a través de los siglos se han compartido saberes y experiencias que no se limitan únicamente a las leyendas, sino aquellas cuestiones que la sociedad considera como esenciales, incluyendo historia, mitos, textos sagrados, técnicas, música, lengua, códigos éticos y morales.

Este conjunto de elementos le dan a identidad a un pueblo, quienes tienen el deber de protegerlos y hacer que perduren a través del tiempo, se transmiten de manera personal, de boca en boca, lo que propicia un vínculo entre un grupo de personas en el aspecto social, intelectual y espiritual.

Al transmitirse por generaciones estas manifestaciones se transforman, pierden contenido, a la vez que ganan nuevos elementos y se adaptan a las necesidades del grupo, se encuentra en constante lucha y presiones culturales, puesto que más allá del aspecto verbal, también se encuentran ligados objetos y gestos.

La tradición oral es un conjunto de lenguas, proverbios, adivinanzas, cuentos, canciones infantiles, leyendas, mitos, cantos, canciones, entre otros elementos más, poseedores de una memoria colectiva que mantienen vivas las culturas.

Consideradas por la Organización de las Naciones Unidas como Patrimonio Cultural Inmaterial, estas expresiones orales se encuentran en comunidades de todo el mundo con intérpretes profesionales, reconocidos por la colectividad.

Es por esto que la muerte de una lengua significa la pérdida de tradiciones, de costumbres en sus diferentes variantes ante la embestida de la urbanización, emigración, industrialización, la afectación al medio ambiente. La influencia de periódicos, revistas, la televisión, así como el internet, conllevan un ataque directo a las tradiciones y expresiones orales, por ejemplo, las canciones pueden ser reemplazadas por archivos digitales o discos compactos.

La vida social, el contacto de los jóvenes con los ancianos, los relatos en la escuela y en el hogar, son formas de preservar estas costumbres abiertas a cualquier forma novedosa que contribuya a su cuidado como los medios tecnológicos (audiovisuales).

Vale la pena voltear a ver la riqueza que guardan los pueblos originarios en todo este conjunto de formas, de saberes, de tradiciones, raíces de todos, pero vale más la pena contribuir a su preservación a través del tiempo, para que puedan llegar en toda su expresión a las futuras generaciones a la vez que se fortalece nuestra identidad.

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