Puntos equidistantes, aproximaciones que no reconocen líneas temporales, al contrario, las niegan para establecer redes de comunicación cercanas a la condición humana; son muerte y resurrección: fragmentos de agonía o asombro; son “Pedro Páramo” y “Cien años de soledad”, novelas que se entretejen también por sus contrarios.

En primera instancia, son pocos los elementos que aproximan ambas obras, ya sea por los años de publicación –1955, 1967, respectivamente– o por los argumentos, hasta llegar a la categoría de personajes, su lectura parece separarlas sin mayores observaciones; no obstante, ciertos símbolos las ofrecen como una crítica puntual del ambiente hispanoamericano que a la fecha siguen explorando ramas de estudio.

Inclusive, aquellos escenarios que sirven como base para el desarrollo de acciones parecen negarlas entre ellas; tierra seca, putrefacta, rasgo del olvido que se alimenta de la venganza o una fértil, proclive a renovar deseos bajo la firme evidencia que todo inicio es consecuencia de aventurarse al exilio.

Comala y Macondo son reflejo del momento histórico que llegan a atestiguar Juan Rulfo y Gabriel García Márquez, siendo niños o a través de “oídas” en su madurez. Pueblos cuya historia no deja ser machada por la sangre: Comala permite que cada injusticia vaya acumulándose en el odio paterno del cacique y esta voluntad de consumirlo porque así lo manda.

A su vez, en Macondo se exponen las matanzas en grandes latifundios auspiciadas por el gobierno en turno, cuya omisión es amparada en grandes capitales, sin que “alguien” tenga la fuerza para levantar la voz, porque las armas aplacan voluntades y memoria, realidad de la América hispanohablante.

Precisamente, “Pedro Páramo” y “Cien años de soledad” siembran la idea del viaje, peregrinación cuyo resultado es ambivalente: a Comala se llega a morir, hundirse en la nada y respirar el calor cercenando la garganta, mientras en Macondo el efecto es similar, aunque con un dejo de esperanza, ya que su “destrucción” es parte de la naturaleza, ley de vida.

En este sentido, para el chileno Hernán Lavín Cerda, en la novela de Gabriel García Márquez es latente la metáfora del “abandono”, el “desamor” y la misma “soledad”, íconos que Juan Rulfo supo desarrollar en sus páginas. Lo anterior se puede explicar atendiendo que el colombiano fue influenciado por “Pedro Páramo”, ya que estos son sus motores argumentativos. El jalisciense se encarga que el lector no los deseche, sino los sufra, tanto así como la familia Buendía los padecerá durante el tiempo que habite Macondo.

Siguiendo esta lógica el tiempo no tiene límites, lo mismo se avanza dramáticamente en los años, que el discurso parece detenerse sin remedio, es decir, la unidad de medida ya no serán las horas o minutos, sino las acciones, soportando el peso de lo mencionado y desaparición de personajes; así, las estirpes de Pedro Páramo y José Arcadio Buendía están presentes hasta que la muerte los alcance.

En ambas obras también las ánimas y aparecidos resultan necesarios, sustentan sus historias pero con utilizaciones opuestas: en “Pedro Páramo” causan desconcierto, infunden miedo, a su vez, en “Cien años de soledad” –naturaleza del estilo– ofrecen un ambiente mágico, desempolvan artilugios y se aprende a convivir con ellos, los muertos están vigentes.

Asimismo, las dos obras integran al discurso una crítica puntal contra el “machismo” dominante en Hispanoamérica, lo exhiben, desmitifican; lo culpan –intrínsecamente– de la destrucción que se padece. En Comala quien asume la consecuencia de su infertilidad es el hombre con sus decisiones viscerales, pues aquello que toca está condenado a no existir y pudrirse bajo el yugo de su sangre; las mujeres son relegadas a obedecer hasta convertirse en objetos.

Pero en Macondo es lo contrario, demuestran un valor maternal activo, responsable y las proyectan como personajes principales en la historia, no así como memorial o ecos de años pasados. Esta valorización no significa un contraste, sino el hecho narrativo: el feudalismo es prototipo de la perdición, rechazo a cualquier elemento estéril de combinaciones tradicionales.

Por ello, su actualidad ofrece puntos de vista novedosos que si bien desde el siglo pasado han sido recurrentes, su interés mutuo revela ejes de aproximación interesantes, herencia de ensayistas como Víktor Shklovski y John Brushwood, ideas que aún tienen en el horizonte literario vetas para ser consideradas.

@Ed_Hoover

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