Es una pena y una vergüenza que hoy que la inseguridad está desbordada en el país y en el estado partidos políticos, agrupaciones con filiación partidista y demás protagonistas, quienes sólo quieren aprovechar la situación, utilicen el tema como bandera.

Como estandarte para saciar sus más bajos instintos.

Porque todo mundo se queja de la inseguridad pero nadie hace nada para contribuir a armar un plan ciudadano para contrarrestarla.

Hoy por hoy todo mundo hace leña del árbol caído para sacar raja política y llevar agua electorera para su molino.

Porque no hay mejor tema para hacer campaña que la inseguridad y el golpeteo fácil.

Y es que es muy sencillo tirarse al piso, patalear, berrear y gritar que se quiere justicia cuando días, semanas, meses y años atrás nadie se preocupó por Puebla y los poblanos.

En el estado ahora todo mundo la hace del súper policía y el Sherlock Holmes.

Me pregunto dónde estuvieron todos esos defensores y redentores de la justicia hace unos años.

¿Dónde estuvieron el sexenio pasado?

Porque asesinatos, violaciones, robos con violencia y asaltos al transporte público se han dado todos los días, hace un mes, hace un año y en el sexenio pasado.

La pregunta, insisto, es ¿dónde caramba estaban esos salvadores?

¿De pronto les nació el amor por Puebla?

El amor por el prójimo y la solidaridad por las víctimas del delito.

Desde luego la descomposición social en el país y en el estado es evidente, lo extraño es que agrupaciones como el mentado Observatorio Laboral Ciudadano, partidos como el PRI y personajes de la administración pública como el senador Luis Migue Barbosa Huerta de pronto hayan reaccionado y exigido justicia por Puebla.

Justicia que nunca en sus vidas personales y políticas habían pedido ni como ciudadanos ni como funcionarios.

La exigencia de todos esos personajes que hoy salen a gritar al unísono la palabra “justicia” les queda grande.

Y les queda grande simpe y sencillamente porque su interés de “defender” a Puebla se debe a su próxima participación en los comicios concurrentes del 2018.

Da asco ver como se aprovechan los vividores de la política de la angustia de la gente, de sus necesidades y de su desgracia.

Todos, sin excepción, tenemos la responsabilidad de proteger nuestro estado, por supuesto el mayor compromiso es de las autoridades policíacas, del gobierno local y de gobierno federal.

Empero, si seguimos como espectadores los ciudadanos de a pie y no hacemos nada por cuidarnos las cosas no van a cambiar.

Lo que debemos hacer es organizarnos y mostrar con acciones, hechos y propuestas concretas -dirigidas a los tres poderes de gobierno- que si se puede combatir al crimen organizado con inteligencia.

Mientras nos dediquemos sólo a criticar y no a proponer, como lo hacen muchos ahora, nada va a cambiar.

Más vale ser participativo y no ser un sujeto pasivo.

No todo es responsabilidad de las autoridades.

Si no colaboramos en positivo vamos a seguir sufriendo la inseguridad.

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El caso Gabriel González Alegría

La violencia que algunas personas expresan en contra de otras en ocasiones va más allá de lo que uno se puede imaginar.

Ninguna discusión, agresión o diferencia es justificante para atacar de manera salvaje y sin escrúpulos a alguien más.

Lo que sucedió el viernes pasado en el restaurante La Silla, ubicado en la 43 poniente, donde fue agredido el juez Gabriel González Alegría -como se hayan dado los hechos-, nos demuestra hasta qué punto puede actuar una persona violenta sin medir las consecuencias de sus actos.

No es posible que alguien aprovechándose de su fuerza y mostrando una agresividad extrema ataque sin piedad alguien más, al grado de morderle la oreja y prácticamente arrancársela.

Hasta dónde habrá sido la agresión física que tuvo que intervenir la autoridad y la asistencia médica para hospitalizar al funcionario.

Sin conceder la razón a nadie, el acto es reprobable a todas luces.

La razón siempre debe estar por encima de la violencia y agresión física.

Lo que hoy se maneja son distintas versiones de los hechos: que si el juez fue el culpable, que si el agresor, al parecer de nombre Christian Mayagoitia, se excedió en su reacción violenta.

Lo cierto es que la violencia genera más violencia, y de eso los poblanos estamos hartos.

Lo grave es que entre las distintas versiones y especulaciones ahora se dice que al parecer no es la primera vez que Christian Mayagoitia actúa de esa forma.

Se comenta incluso que su personalidad y reacción siempre ha sido violenta y agresiva; se habla hasta de drogas, cosa de la que sólo se ha especulado sin pruebas.

Lo cierto es que por una acción temeraria y extremadamente violenta ahora el agresor del juez González Alegría parece estar en serios problemas porque ya se habla de todo sobre su persona.

Se rumora, además, que por su perfil violento terminó con su familia.

Y todo por combinar alcohol y violencia extrema.

posdatasintesis@yahoo.com.mx

poncharelazo@yahoo.com.mx

En twitter: @poncharelazo

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