Nuevos restos de los palacios en los que habitó Helena de Constantinopla, la madre del emperador Constantino I El Grande, han salido a la luz durante las excavaciones arqueológicas en la zona de la basílica romana de la Santa Cruz de Jerusalén.

“Se trata de dos residencias que formaban parte de un amplio barrio para dignatarios, construido a inicios del siglo IV de nuestra era cuando a la zona llegó la corte de Helena”, explicó a Notimex el superintendente de Bienes Culturales de Roma.

Confirmó que se trata de un descubrimiento esperado, porque se sabía que los palacios de Helena eran más grandes de lo que hasta ahora se conocía, pero debido a que la zona estaba bajo control militar, en particular de una escuadra de paracaidistas, no se había podido excavar antes.

La primera “domus” descubierta es conocida como la “residencia de los retratos” debido a las imágenes de los propietarios que decoran el suelo de mosiacos.

La segunda fue bautizada como la “de la fuente” por la presencia de una estructura semicircular revestida de placas de mármol blanco en lo que era el patio.

Ambas, explicó Prosperetti, fueron derruidas durante la construcción de los Muros Aurelianos, edificados en esa zona al inicio del siglo V por Onorio, el primer emperador romano de Occidente, para proteger a la urbe de las incursiones bárbaras.

Según el superintendente, las residencias cuyos restos han sido sacados a la luz estaban conectadas con el complejo residencial adyacente.

Toda la zona de la “domus de los retratos”y de la “domus de la fuente” ha sido completamente restaurada, con lo que se ha dado resalto a los muros y los suelos recubiertos de mosaicos.

La limpieza y los nuevos descubrimientos han hecho más legible para los visitantes el entero complejo residencial, con sus divisiones y funciones.

Las dos residencias descubiertas estaban decoradas con mosaicos, frescos, placas de mármol y suelos característicos en barro, con los dos mosaicos de retratos y otros con refinadas figuras geométricas.

Prosperetti recordó que fue por deseo de Helena (considerada santa por la Iglesia), que el antiguo atrio de la villa fue adaptado como capilla dedicada al culto de la cruz de Cristo, cuyos restos ella misma portó desde Medio Oriente.

Ahora ahí se encuentra la basílica de Santa Cruz de Jerusalén, una de las más importantes de Roma.