Hace poco platiqué con una ingeniera industrial proveniente de España quien lleva viviendo y trabajando en México más de un año.

Entre los temas que tocamos coincidimos en que ya sea en su país, en el nuestro o en el que sea, lo primordial para las empresas y los gobiernos debería ser su gente, pero que desgraciadamente salvo algunas excepciones no es así.

Entre estas excepciones se encuentra Alemania, país que prioriza la parte humana del trabajo al contar con un esquema de apoyo a las madres trabajadoras para que puedan estar el mayor tiempo posible con sus bebés aunque ya hayan regresado de su permiso por maternidad.

Me contaba mi interlocutora (que por cierto es gallega y echa abajo por su inteligencia todas aquellas bromas sobre los habitantes galeses) que este esquema consiste en dividir la jornada laboral en tres turnos de cuatro horas cada uno para que así quienes son mamás puedan dedicar el resto del día a sus hijos. Además toman en cuenta el rol del papá en la familia y así como le otorgan permiso a las mamás durante el primer mes y medio de vida del bebé, también se lo otorgan a los padres pasando este periodo para que ahora sean ellos quienes se queden en casa cuidando a los hijos mientras las mamás van a laborar sus cuatro horas diarias.

Esto me pareció genial porque en efecto, ambos padres tienen el derecho de pasar más tiempo con los hijos y la responsabilidad de atenderlos de todo a todo, más cuando están muy pequeñitos.

Por supuesto que este cambio laboral no debió haber sido fácil de implementar. Tuvo que haberse dado todo un proceso, que para empezar, tuviera que romper con los esquemas tradicionales de trabajo pero sobre todo, de pensamiento acerca de la maternidad y la paternidad, así como del machismo, que como he señalado, aún en pleno siglo XXI con todos los supuestos avances sociales que han habido, impera a nivel mundial, claro que con mayor fuerza en algunos países.

Por desgracia México forma parte de aquellos países y dudo que un esquema similar logre ser implementado en el corto plazo. Al contrario, pareciera que la tendencia de nuestros gobiernos es  mantener a los empleados trabajando casi como esclavos con jornadas que superan las 12 horas diarias, sin poder ya convivir con la familia y descuidando de este modo la parte social de la que hablaba párrafos arriba.

Nos quejamos todos de la violencia que ha aumentado en nuestro país y en Puebla a mi parecer de manera alarmante y ni aun así los gobiernos quieren abrir los ojos ante la evidencia de la descomposición social que estamos atravesando los mexicanos.

Si de verdad les interesara el bienestar de la ciudadanía, en vez de implementar regulaciones de trabajo en los que cada vez pierden más derechos los trabajadores y en donde a pesar de fletarse trabajando casi todo el día apenas si les alcanza para las necesidades básicas, buscarían mejorar las condiciones laborales y por ende, la situación actual de violencia e inestabilidad social y económica verían una luz al final de este túnel en el que parece que cada vez nos metemos más.

Y sí es posible cambiar los esquemas.

El año pasado leí un libro muy interesante escrito por dos empleadas de una empresa estadounidense que fabrica diversos dispositivos electrónicos en el que cuentan cómo fueron implementando poco a poco un cambio total en el quehacer de la empresa.

En resumidas cuentas, la estrategia consistió en irle dando mayor libertad a los empleados para disponer de su tiempo, siempre y cuando ya hayan cumplido con sus tareas diarias; es decir, si en cinco horas las terminaron, tenían la autorización para irse a sus hogares a disfrutar de sus familias en vez de quedarse a calentar la silla las otras tres, o cuantas horas faltaran para terminar con su jornada oficial. Al hacer esto, se dieron cuenta que los trabajadores aumentaban su rendimiento laboral porque acudían al trabajo con mejor actitud, más contentos.

Si esto lo hicieran en México, otra historia sería. Ojalá que los patriarcas políticos y empresariales se den cuenta a tiempo de que si mantienen el rumbo de la desintegración familiar por priorizar un sistema de trabajo totalmente basado en la ganancia económica, nos iremos hundiendo más y más en el hoyo de la violencia.

Nos leemos el próximo domingo.

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