Pemex y el PRI han estado unidos desde hace años con una de las historias más oscuras en México. Es una relación que debe de terminar de una vez por todas.

Desde siempre se ha sabido que Petróleos Mexicanos ha sido la caja que financia al partido en el poder, en la mayoría  de las ocasiones ha sido al PRI, pero también al PAN le ha tocado su bonanza.

En el año 2000, el entonces IFE acreditó que PEMEX, vía el siempre impune líder del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, desvió un cheque por 640 millones de pesos a la campaña del priista Francisco Labastida Ochoa.  Aunque nunca nadie pisó la cárcel, al tricolor se le castigó con una multa de mil millones de pesos. Sanción irrisoria para ellos, ya que la pagaron de las prerrogativas públicas que le da año con año el órgano electoral.

Ese ha sido quizá el caso más sonado porque se probó. Pero es de todos sabidos que PEMEX ha servido para utilizar carretadas de dinero para favorecer primero a los candidatos del PRI y en su momento a los favoritos del panismo.

Nuevamente, la historia nos recuerda que los malos capítulos se repiten. Y si bien la ciudadanía está harta de historias de corrupción, los políticos tienen el cinismo de repetir sus desfachateces.

Nos enteramos que dos testigos de la empresa brasileña Odebrecht acusaron al entonces coordinador internacional de la campaña de Enrique Peña Nieto de recibir 10 millones de dólares para “apoyar” al entonces candidato priista, después se lo cobrarían cuando fueran gobierno. Cosa que no perdonó la empresa sudamericana y cobró cuando el entonces encargado de la relación extranjera del bunker peñista se convirtió en director de la paraestatal, Emilio Lozoya Austin.

Otra vez, la empresa orgullo del desarrollo nacional se puso al servicio de una camarilla de pillos. PEMEX servía para garantizar triunfos electorales y mantener el poder, todo a base de la corrupción.

Estamos a menos de un mes de que inicien las elecciones presidenciales y si algo hemos aprendido de la historia es que ésta nunca se detiene, sigue su rumbo y si no la cambiamos, las cosas se repiten.

PEMEX está en manos del grupo más poderoso del gobierno y del PRI. Su director forma parte de la generación que hoy impulsa aspirantes presidenciales y controla las finanzas nacionales.

No es difícil pensar que se vuelva a utilizar a PEMEX como caja chica.

Por eso es importante que desde la sociedad organicemos y exijamos auditorias públicas de manera mensual, que se nos informe a los mexicanos el gasto y la inversión, pero también los procesos de licitación.

Debemos transitar a un gobierno transparente donde la ciudadanía esté informada sobre las finanzas de su país y no se solapen entre ellos políticos que siempre se han beneficiado.

Estas auditorías no pueden ser hechas desde el gobierno, está probado que la complicidad se alimenta en puestos del gabinete.

Existen organizaciones ciudadanas, académicas y hasta organismos internacionales que podrían realizar estas auditorías y evitar que el dinero de todos los mexicanos terminen nuevamente en la estrategia del PRI para mantener el poder en el 2018.

Sabemos que la historia registra cambios cuando la gente quiere y exige hacerlos. Es tiempo de realizar un cambio donde PEMEX deje de ser un brazo electoral del PRI o del partido que logre conquistar el poder.

#JuntosporMéxico #PoderparaHacer

@PedroFerriz

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