La violencia hacia las mujeres como ya he mencionado es un fenómeno muy complejo, sobre todo porque culturalmente sigue muy arraigada en nuestra sociedad la tradición machista de minimizar a la mujer con respecto al hombre en todos los aspectos y ámbitos.

Dentro de esta complejidad existe un aspecto que ha sido abordado por la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (CONAVIM) y es el del lenguaje que utilizamos tanto hombres como mujeres, el cual sin darnos cuenta, continúa de alguna manera perpetuando el machismo.

La CONAVIM explica en su página que nuestra forma de hablar es excluyente y que para contrarrestarlo se debe utilizar un lenguaje incluyente. Su definición es la siguiente:

“El lenguaje incluyente, es un elemento que reconoce a las mujeres y a los hombres en lo hablado como en lo escrito, manifiesta la diversidad social e intenta equilibrar las desigualdades. El lenguaje incluyente contribuye a forjar una sociedad que reconozca e integre la diversidad y la igualdad de género.”

Para darnos una idea clara de qué trata exactamente, la CONAVIM muestra en su página algunos ejemplos:

Hacer visibles a las mujeres: el derecho a ser nombradas. Éste se refiere a que tradicionalmente nombramos a quien desempeña una profesión, ya sea hombre o mujer, únicamente en masculino, por lo que ahora debemos hacerlo también en femenino cuando se trata de una mujer; es decir, así como le decimos doctora a quien estudió esa carrera, debemos nombrar en femenino a quien ejerza cualquier profesión.

Si eres mujer, nómbrate. Trata de que al hablar debemos incluirnos: “todas y todos estamos muy orgullosos de nuestro trabajo en equipo”, en vez de decir: “todos estamos…”. Cuando formamos parte de algo debemos hacerlo notar. Por supuesto, también los varones deben nombrarnos.

Evitar el uso del masculino genérico. En vez de decir: “los alumnos deben de entregar sus trabajos finales a más tardar mañana”, debemos decir: “los alumnos y las alumnas…”

Usar sustantivos colectivos. En vez de decir “los hombres”, debe decirse: “la humanidad”; en vez de decir “los niños”, debe decirse: “la niñez”; en vez de decir “los estudiantes”, debe decirse: “el estudiantado”.

No utilizar a la mujer como pertenencia del hombre. Hace referencia a la tradición que muchísimos años se mantuvo de nombrar a la mujer ya casada de la siguiente manera: Rita Duarte de Rodríguez; Pamela González de Castro, etc. Afortunadamente ésta práctica casi está extinta porque aunque nos casemos, no perdemos nuestra individualidad ni libertad; no nos volvemos propiedad de nadie.

Al ser tan normal hablar solo en masculino por la misma tradición de la que hice mención, hasta que no nos ponemos a analizar lo que plantea la CONAVIM no nos damos cuenta de que en efecto, el lenguaje en su mayoría continúa perpetuando el machismo. Por supuesto seguramente hay un buen número de varones quienes de modo consciente fomentan este lenguaje que también es nombrado sexista.

En el mismo sentido, si traemos a nuestra mente varias palabras altisonantes o frases que hacen referencia a algo malo (y que por respeto al espacio y a las y los lectores [lenguaje incluyente]), no puedo plasmar, ¡la mayoría son expresiones en femenino! Mientras que cuando se trata de alabar algo soltamos expresiones como la típica, “está padre”.

Ahí también estamos mal. Sé que suena raro de entrada, pero deberíamos de empezar las mujeres por decir: ¡“está madre!”.

Por supuesto que un cambio en el lenguaje no va a solucionar por sí solo la violencia hacia las mujeres; la CONAVIM ha ido desarrollando otras acciones de prevención y difusión de la no violencia, así que esperemos que de la mano, rindan frutos.

Nos leemos el próximo domingo.

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