JUCHITÁN, México (AP) — Peregrina Vera asistió a su tercer funeral en los cuatro días después de que un terremoto de magnitud 8,1 destruyó su casa y gran parte de su trabajo.

Dos de los funerales fueron de amigos que fallecieron al derrumbarse edificios. Ahora, fue el de un vecino, Hermilio Martínez, quien aparentemente sufrió un infarto un día después del temblor, mientras la ciudad de Juchitán se estremecía una y otra vez con las aterradoras réplicas.

Siguió al cortejo fúnebre durante kilómetro y medio, hasta un cementerio en donde las ramas y hojas de palma cubrían temporalmente las tumbas, un lugar con demasiada actividad en los últimos días.

El sismo provocó la muerte de 96 personas en todo México, y causó la mayor parte de los estragos en el corazón de la cultura zapoteca, una región conocida por su arraigado feminismo, los vistosos vestidos de “tehuana” que Frida Kahlo hizo famosos, y por una de las subculturas zapotecas tradicionales más destacadas: los “muxe”, personas que nacieron siendo hombres, pero que se identifican y visten como mujeres y quienes son aceptadas, e incluso reconocidas, por sus contribuciones.

Una de ellas es Vera, de 26 años y creadora de caprichosas decoraciones para festivales y celebraciones que se realizan a lo largo del calendario cultural de Juchitán. Muchas de sus obras ahora están enterradas bajo los escombros.

“Empezó a temblar despacio, despacio y nosotros pensando que era eso y ya”, relató Vera. Entonces comenzó el estruendo, la oscuridad. “La gente gritando. Toda la gente llorando”.

Faustina, su abuela de 73 años, estuvo enterrada media hora bajo los escombros después de que su casa colapsara mientras ella dormía en una hamaca.

La maquinaria pesada finalmente llegó el lunes para despejar lo que en un momento fue la casa de Faustina, mientras sus familiares buscaban rescatar lo que pudieran.

Fue más o menos en ese momento que Vera se enteró que su abuela había sido transferida a un tercer centro médico — éste ubicado a una hora de distancia — y posteriormente sería trasladada vía aérea a otro hospital para operarla de la espalda. Faustina sufrió fractura en tres costillas y otras complicaciones.

A lo largo de toda la ciudad, de unos 100.000 habitantes, residentes como Vera intentaban mantener la calma y avanzar paso a paso con la titánica labor de reconstruir sus vidas que, repentinamente, se desmoronaron.

“La mayoría perdieron su patrimonio, su casa, otros la casa está todavía en pie pero ya es inhabitable”, dijo Felina Santiago Valdivieso, quien es miembro activo de la comunidad muxe. Muchos no tienen ingresos debido a que se dañó su lugar de trabajo. “Va a ser mucho tiempo en recuperarnos y a ver de qué manera podemos ayudarnos y poder levantarnos.”

Vera tuvo que ingeniárselas el lunes. Su guardarropa yacía bajo ladrillos de adobe y tejas de barro. Encontró unos pantalones de mezclilla ajustados, una blusa escotada con estampado de flores y unas sandalias muy desgastadas. Un clip verde en su moño con los colores de la bandera mexicana sostenía su cabello marrón y se colgó un bolso sobre el pecho. Tuvo que pedir prestado un delineador para sus ojos.

Después del funeral, Vera fue a visitar a otros amigos muxe. Intercambiaron historias sobre quién había recibido víveres o podía prestar algo de ropa. Vera se quejó de que se suponía que la ayuda del gobierno era de una despensa por casa, pero había algunas familias que abusaban del sistema y tenían a varios miembros en la fila para recibir ayuda.

Compararon rumores sobre robos en algunas casas mientras sus habitantes dormían en la calle o refugios, asustados por las continuas réplicas. Lamentaron la pérdida de sus guardarropas e incluso bromearon entre ellos sobre sus improvisados atuendos.

Vera perdió ocho preciosos vestidos bordados a mano — ejemplos de la más reconocida de las artesanías zapotecas — que había heredado de su abuela. En su teléfono celular observó las fotografías en las que los llevaba puestos y prometió restaurarlos.

“Son originales”, se lamentó. “Nunca vas a encontrar (otros iguales).”

Dos hombres recaudaron donaciones de parte de la comunidad LGBT de Oaxaca en la casa de un amigo, con un automóvil lleno de despensas. Vera recibió una llamada para recoger bolsas de frijoles, pasta, harina, azúcar y otros productos. Muxes de todo el país, incluso de la Ciudad de México y Veracruz, viajaron a Juchitán para ayudar.

De regreso en su dañada casa, Vera recogió del piso de tierra, justo junto al patio, un paquete de brillantes fotografías. Un día antes del terremoto, una mujer fue a visitarla para pedirle que decorara un carro alegórico para un festival en diciembre, y le había pedido ver su trabajo.

Solo por eso las fotografías no estaban en el lugar en el que colapsó el techo. En ellas se ven extravagantes carros alegóricos con las decoraciones de Vera, y a Vera vistiendo de todo, desde los vestidos tradicionales de su abuela hasta un conjunto con flores de chabacano, con el que fue coronada como reina de los muxes en 2014.

Vera espera que aún pueda conservar el encargo, pero corren los rumores de que la ciudad cancelará o pospondrá sus festivales a causa del desastre.

Cuando se le preguntó cómo dará vuelta a la página, respondió: “Es empezar de cero. Empezar otra vez abajo”.

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