Es indispensable conocer el verdadero impacto social, económico, pero también político que tuvieron los sismos en nuestro estado. Esto nos ayudará a todos a plantearnos una estrategia de recuperación más real y que llegue a todos, sin distingos. Es evidente que hay comunidades que necesitarán mayor celeridad y recursos. El daño patrimonial puede ser estimado en pesos y centavos; pero no sabemos -pues cada caso es distinto- el periodo de recuperación que significará para cada familia poblana. Es ahí donde también debemos ser sensibles y eficaces.

En algunos casos y en algunas zonas la reconstrucción deberá ser más pausada y estratégica. Los daños pueden no ser visibles a simple vista: los edificios y casas pueden estar bien, las escuelas pueden estar funcionando; pero la economía de las colonias y barrios, la moral de los vecinos, las fuentes de empleo y hasta el estrés post traumático son las consecuencias silenciosas que también ameritan nuestra atención, pero sobre todo nuestra labor.

¿Qué se está planteando para que las tiendas, restaurantes, comercios pequeños, papelerías, ferreterías y pequeñas empresas en general se recuperen? ¿A quién corresponde diseñar un plan de recuperación enfocado al pequeño productor, al que se auto emplea o a las mujeres que trabajan por su cuenta y jefas de familia? La responsabilidad es compartida y el tiempo apremia.

Recorrí varias colonias de la periferia del Centro, donde los daños no son visibles, o donde se podría decir que “no pasó nada”. A simple vista, estas colonias la libraron, pero las consecuencias eran palpables: niños sin clases, padres y madres de familia que tuvieron que ausentarse del trabajo para atenderlos (algunos con miedo a perder el empleo); tiendas cerradas, negocios sin funcionar. Un día sin trabajo para la mayoría de estos poblanos es un riesgo demasiado alto que tomar. Un día sin escuela para estos niños es algo que les impacta profundamente.

Por eso debemos saber qué tipo de acciones y cómo podemos hacernos corresponsables de la recuperación de Puebla en equipo: no solo señalar que se debe hacer algo y tampoco proponer soluciones paliativas; sino meterse -codo con codo- a diseñar estrategias que sean sustentables y realizables. Generar espacios donde sean los propios vecinos, las mujeres, los trabajadores, quienes definan cómo van a recuperarse, y trabajar con ellos. No dejarlos solos.

Solo en equipo y de la mano se puede. Que ese espíritu de solidaridad y emprendedurismo social que hemos visto durante las últimas dos semanas no se pierda. “Que no decaiga el ánimo”, como se dice comúnmente. Todavía nos falta mucho por hacer y nos necesitamos los unos a los otros.

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