Un atentado con coche bomba atribuido al Estado Islámico ha matado a al menos 75 personas en el este de Siria.

Un atentado con coche bomba atribuido al Estado Islámico ha matado a al menos 75 personas en el este de Siria este domingo, según medios locales. Las víctimas eran principalmente civiles desplazados por los combates que se desarrollan en la zona durante los últimos días. El ataque se enmarca en la nueva fase de insurgencia que está experimentando la organización yihadista, que, según expertos, recurrirá cada vez más a este tipo de acciones como respuesta a la perdida casi total de sus dominios en Irak y Siria.

De acuerdo con el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, la explosión se registró cerca de la ciudad de Deir Ezzor, en una zona ubicada entre el yacimiento de gas de Koniko, el mayor del país, y Al Yadra, a orillas del río Éufrates. La mayoría de muertos han sido niños y mujeres, que habían huido de la capital provincial debido a los choques entre militantes del IS y leales al Gobierno sirio de las últimas semanas, culminados este viernes con la expulsión total del Estado Islámico de la localidad.

La agencia oficial siria SANA ha culpado al Estado Islámico del golpe, perpetrado, ha dicho, cuando el conductor detonó la carga explosiva del coche que conducía junto a un campamento de desplazados. Los heridos, ha añadido, se cuentan por docenas. El Observatorio ha asegurado que hay más de 140. La zona atacada está en manos de las Fuerzas Democráticas Sirias, una alianza respaldada por EEUU que se disputa con las fuerzas gubernamentales el control de la provincia de Deir Ezzor, rica en hidrocarburos.

Tras perder la ciudad de Deir Ezzor, el IS ha visto reducida su zona de control a unos pocos pueblos de la ribera del Éufrates, el mayor de ellos Al Bukamal, junto a la frontera sirio iraquí. Al otro lado de la verja, las fuerzas iraquíes le arrebataron este viernes la ciudad de Al Qaím. Omar Abu Leila, un analista militar originario de Deir Ezzor, ha explicado a EL MUNDO que estas derrotas han desterrado a los miembros del IS, incluidos sus cabecillas, al vasto desierto extendido por las provincias de Deir Ezzor y Homs.

“El IS se prepara para una nueva fase de lucha, que empieza permitiendo al enemigo tomar territorio y retirándose al desierto, en la retaguardia, en Deir Ezzor y Homs”, explica Abu Laila. “Desde ahí, pueden lanzar coches bomba contra áreas civiles y atacar posiciones del ejército de Asad o de Rusia, apostados en las ciudades”, prosigue, “y de esta forma ahorra combatientes”. “Al IS ya no le interesa controlar los pozos de petróleo”, subraya, “ahora quieren alargar esta guerra todo lo posible, que no haya paz”.

Otro ejemplo de este nuevo plan, desarrollado gracias a la facilidad de las huestes del IS para camuflarse entre la población civil árabe, ocurrió a principios del mes pasado. Milicianos del IS lograron cruzar todo el desierto de Homs, atravesando las líneas del ejército sirio y sus aliados, y lanzar un ataque sorpresa en Qaryatain, al oeste de la provincia central. Una vez dentro, durante dos semanas, los atacantes ejecutaron a sangre fría a al menos un centenar de personas, entre ellas leales a Asad considerados “espías”.

En los últimos meses, el Estado Islámico ya ha dado muestras de ser capaz de castigar al oponente en su propia casa. Uno de sus objetivos principales han sido los kurdos. A los varios coches y motos bomba que han sufrido las ciudades de Qamishlo o Hasaka se sumó, el 25 de junio de 2015, una infiltración de varias decenas de yihadistas que sembraron el caos en Kobane. Damasco, mayormente en manos del Gobierno sirio, e Idlib, controlado por opositores a Asad, también han sufrido ataques bomba del IS recientemente.