La comunidad científica no tiene respuestas y esta presionada a encontrarlas antes de que la mortal enfermedad se propague por todo el planeta

Un virus tiene a la comunidad científica y las autoridades de salud mundial en jaque. Científicos estadounidenses arribaron al corazón de la selva del Congo para investigar a la población perteneciente a una pequeña villa donde existe una gran amenaza para la humanidad: la viruela del mono.

El Centro de Control de Enfermedades y prevención busca descifrar el misterio y controlar esta enfermedad. Lo que se sabe de ella es que es prima de la fatal viruela, se propaga mediante el contacto entre el hombre y los animales, pero también puede ser transmitida de persona a persona. Sus síntomas más comunes y destacados son la fiebre y una erupción que pasa a convertirse en dolorosas heridas.

Las personas que padecen este mal lo describen como tener quemaduras de cigarrillo por todo el cuerpo.

Su mortalidad alarma a todos por lo que se está solicitando el apoyo a la comunidad científica de diversos países, 1 de cada 10 pacientes muere; tasa similar a la de la peste pulmonar.

El punto de estudio es Manfouete, una villa con 1.600 habitantes, no cuenta con electricidad ni agua corriente. La llegada de los investigadores es una fiesta, son los portavoces de la esperanza en una zona donde aún padecen el ébola o la lepra.

Según el Washington Post, el año pasado los casos por viruela del mono aumentaron significativamente. El contagio persona a persona ha hecho más rápida la expansión del virus, algunos fueron infectados al cuidar a algún familiar. Otros, a través de los animales, durante la caza o en la cocina.

Su nombre no dice la verdad de los principales enemigos, los roedores son los principales portadores.

Se han atrapado roedores y diversos animales con el objetivo de determinar qué especies son los que más portan el virus, para planear una estrategia.

“La ecología es más complicada que la ciencia espacial”, comentó el biólogo Jeff Doty.

Los científicos brindan ayuda a los enfermos, a pesar de no ser médicos. Usan agujas esterilizadas para tratar las heridas y proporcionan antibióticos.

Esta es una misión peligrosa para la cuál los especialistas han sido vacunados, pero no tienen completa protección, tienen el 15% de probabilidades de adquirir la enfermedad. Son precavidos, usan guantes, protección para los ojos y una cobertura para el rostro y el cuello.

Según Lena H. Sun las investigaciones continúan y en las especies que dan positivo al virus, se les coloca un GPS para analizar los hábitos en su madriguera.

Los científicos empacan para regresar, pero no es el final; las muestras serán analizadas y pueden tardar meses en arrojar resultados. Sin embargo, son despedidos como héroes con una cena de 150 personas en las que el arroz, frijoles, pescado, cabra y saka-saka, un plato de vegetales, son los manjares.

Se olvidan las penas por una noche, danzas con ritmos congoleños se hacen presentes y todos disfrutan, la esperanza no se va.