La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de reconocer a Jerusalén como capital de Israel fue una promesa electoral a sus donantes judíos y cristianos evangélicos, sostuvo hoy el diario El Tiempo en un editorial.

“Lo curioso es que detrás de esta decisión de Trump, tomada contra la opinión de algunos de sus más cercanos asesores, y del consejo de sus aliados de toda orilla hay un interés no internacional, sino doméstico: cumplir una promesa electoral a sus donantes judíos y cristianos evangélicos. ¿Pensando en la reelección?”, señaló.

Para el rotativo “Trump le había dado la orden a su yerno Jared Kushner, judío, de preparar un plan de paz. ¿En qué queda eso ahora si Estados Unidos, con esta decisión proisraelí, se pudo haber inhabilitado como mediador confiable?”.

Recordó que “el consenso internacional y el sentido común indicaban que el estatus final de Jerusalén debía ser definido por las negociaciones entre israelíes y palestinos y en el momento en que viera la luz la solución de los dos Estados, uno al lado del otro, en paz y seguridad”.

“Esta visión respondía a la lógica que movió los acercamientos entre los dos pueblos, desde la diplomacia secreta que desembocó en los Acuerdos de Oslo de 1993 hasta el desierto de los días que corren: ‘conversar primero sobre las cosas en las que se puede llegar a un acuerdo y después, sobre las que separan”, explicó.

Sostuvo que “el estatus de Jerusalén, junto con el retorno de los refugiados y otros temas muy calientes, es precisamente uno de esos que tienen la etiqueta de ‘línea roja’ por la razón de que los dos pueblos quieren a Jerusalén como su capital, ‘eterna e indivisible’ para los israelíes, y el sector oriental para los palestinos”.

Por eso, “el prurito del presidente Trump de reconocer oficialmente a la ciudad tres veces santa como capital de Israel, sin someterla a divisiones, hace un flaco favor que rompe esa lógica consensuada internacionalmente e introduce un elemento de inestabilidad a una región de por sí martirizada y que podría estarse preparando para nuevas violencias”.

Además, “no ayuda a destrabar un proceso de paz moribundo y en crisis, y podría ser un varapalo de procesos geopolíticos mayores que se estaban cocinando, relacionados con la lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico y la neutralización de Irán”.

“El país de los ayatolás se ha convertido en un factor clave en la conflictividad regional. Y, por qué no, en la salida de muchos de esos conflictos. Es hora de que los sectores moderados iluminen los espíritus de las dos partes, pues de esta encrucijada solo se podrá salir con creatividad y sensatez”, concluyó el diario.

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