Russell Foster, Profesor de la Universidad de Oxford señala que ignorar al reloj biológico por trabajar por la noche, hace que se active el “eje del estrés”, que es la forma en que tu cuerpo reacciona en una situación llamada de lucha o huida.

Los trabajadores nocturnos están expuestos a niveles bajos de luz durante su turno, explica el investigador, pero cuando se encuentran con la luz natural brillante al regresar a sus hogares, el reloj interno se acomoda al patrón normal de luz/oscuridad que rige la vida de los trabajadores diurnos.

Argumentó que “estamos inyectando glucosa en la circulación, aumentando la presión sanguínea, posicionándonos en estado de alerta para lidiar con una potencial amenaza y la situación no es esa, solo estamos trabajando”.

El científico advierte que los niveles sostenidos de estrés pueden dar lugar a enfermedades cardiovasculares o anomalías metabólicas como la diabetes tipo 2. El estrés también puede inhibir el sistema inmunológico, que puede dar lugar a altos niveles de cáncer colorrectal y de mama.

Esos son los efectos a largo plazo, pero evidentemente, la falta de sueño nos afecta también a corto plazo.

Los efectos más obvios son sentirse cansado, entender la información de forma incorrecta, no comprender los signos de comportamiento no verbal de los demás y la pérdida de empatía.

Advierte que las compañías cuyos empleados hacen turnos nocturnos deberían prepararse para recibir demandas en el futuro si no demuestran que están tomando todas las medidas posibles para tratar de mitigar algunos de los problemas asociados con el trabajo nocturno.

Además de implementar chequeos de salud más regulares para los trabajadores, apunta, deberían asegurarse de ofrecerles durante sus turnos alimentos (como frutas, por ejemplo) nutritivos para evitar los riesgos de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

Cualquiera que haya trabajado durante la noche sabe que no es fácil conseguir comida saludable.

Una investigación sugiere que el consumo de carbohidratos puede subir entre un 35% y un 40% después de tan solo cuatro o cinco días de sueño restringido, debido al aumento del nivel de una hormona llamada grelina.

Esta hormona nos hace sentir hambre y nos alienta a consumir alimentos con azúcar y carbohidratos.

 

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