El conocimiento no es absoluto es relativo, lo que hoy es una teoría a todas luces verídica en unos años podrá ser refutada porque la propia dinámica del alambicado arte de conocer es cambiante, va en evolución… nunca involuciona.

En esa resistencia, entre la prueba y el error, que tensa la capacidad de espera del ser humano para encontrar nuevas fronteras del saber subyace el principio elemental de la Ciencia.

Hacerla a veces puede parecer un evento al azar y sofisticado:   resultado de un descuido hasta de un hecho adrede, de una sorpresa inesperada o de una manipulación deliberada, aunque en suma lo que se consigue, es el fruto de una investigación que casi nunca permanece estática; porque el conocimiento es dinámico.

En el siglo XVIII, Antoine-Laurent de Lavoisier argumentaba que “la materia no se crea ni se destruye solo se transforma”, uno de los principios fundamentales de la Química que, además, de cara a 2020, sigue en constante estudio por investigadores ávidos de encontrar nuevas respuestas, hallazgos que broten de ese maná interminable inspirado en la curiosidad.

Las generaciones actuales están teniendo ante sí la oportunidad de sumergirse en nuevas fronteras del conocimiento lo que en su día aprendieron sus padres y sus abuelos, poco a poco, o va refutándose o va ampliándose o bien permitiendo que emerjan nuevas corrientes del pensamiento.

Hoy en día la materia oscura sigue siendo un enigma, los científicos estudiosos del universo intentan dilucidar de qué está hecha, averiguar qué tipo de energía propulsa su expansión.

Muy seguramente la aplicación de la Inteligencia Artificial en el campo de la investigación permitirá alcanzar nuevos estadios del conocimiento tales como los definió en su momento Augusto Comte   en el siglo XIX: “La sociedad en su conjunto pasa por tres estados teóricos diferentes como son el estado teológico o ficticio; el estado metafísico o abstracto; y por último el estado científico o positivo”.

Hace unos días una inteligencia artificial creada para descifrar códices y libros antiquísimos con lenguajes que combinan signos, números, letras y dibujos permitió un gran hallazgo en el complejo Códice Voynich catalogado como “el libro más misterioso del mundo”.

En principio, los científicos creen que el texto data de hace más de 600 años con una serie de alfagramas que, año tras año, al tratar de descifrarlo resultaba un verdadero quebradero de cabeza. La primera interrogante son las letras cuya hipótesis inicial se creyó eran árabes y/o arameas, pero hace unos días, gracias a este prototipo robótico sucedió ese momento mágico: el Voynich está escrito en hebreo.

Otro reciente hallazgo tiene que ver con el origen mismo del ser humano como especie, como sapiens, hace unos días fue encontrado un hueso maxilar humano fosilizado en una cueva en Israel.

Los expertos ya lo revisaron y lo fechan con una existencia de entre 177 mil a 194 mil años, de acuerdo con el New York Times que publicó el descubrimiento, “si el dato se confirma, podría reescribir la historia de la migración temprana de nuestra especie al retrasar hasta 50 mil años el momento en el que el Homo sapiens salió por primera vez de África”.

A COLACIÓN

Ciencia que se reescribe al ritmo de las nanopartículas, del grafeno que es mucho más resistente que el acero; el átomo ha dejado de ser la partícula más pequeña de la materia para ceder el puesto a las partículas subatómicas como los quarks.

También la tabla periódica que tan meticulosamente estudiamos en química durante el Bachillerato ha dejado de ser de 103 elementos, ahora lo es de 118; los últimos que se han añadido en 2016 fueron: el Nihonio (NH 113); Moscovio (Mc 115); Téneso  (Ts 117); y Oganesón (Og 118).

No olvidar que igualmente el sistema solar como lo aprendimos resulta que gracias a los avances de la tecnología y las telecomunicaciones aunado con la IA se están construyendo potentes telescopios, observadores y máquinas para el espacio más capaces de llegar cada vez más lejos.

Y gracias a ello, la New Horizons que ha llegado a Plutón nos reveló el 14 de julio de 2015 otras condiciones ignoradas por la ciencia acerca de sus características atmosféricas y orográficas. A la fecha ha dejado de ser planeta (clasificado por su tamaño como planeta enano) y ha quedado fuera de la contabilidad del Sistema Solar con únicamente ocho planetas.

Vivimos una Era que, para bien y para mal, seguirá desvelándonos nuevos secretos, la conquista de otras fronteras del saber irá muy de la mano del avance de la tecnología.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

 

@claudialunapale

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