A 15 meses de que la Secretaria de Salud emitiera una emergencia epidemiológica por diabetes mellitus y obesidad, especialistas invitaron a la población a mejorar sus condiciones de sueño pera evitar estas afecciones crónico-degenerativas, puesto que las personas que no mantienen un peso idóneo son candidatos para presentar trastornos del mal dormir que pueden culminar en eventos cardiovasculares, como infartos.

La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Medio Camino 2016 estudió por primera ves la relación de los trastornos del sueño con el sobrepeso y la obesidad.

Se encontró que 27.8% de la población tiene riesgo alto de síndrome de apnea del sueño (SAOS), pero es mayor en personas que no mantienen un peso adecuado a su estatura; 28.4% reportaron un tiempo de sueño reducido (menos de siete horas), y es más en las zonas urbanas y en la Ciudad de México. En cuanto al insomnio, que es la dificultad para dormir mas de tres días por semana, este afectó a 18.8% de la población, como mayor proporción en mujeres.

Gittam Pammela Torres San Miguel, jefa de la Clínica del Sueño del Hospital Regional Número 1 y el Doctor Carlos McGgregor Sánchez Navarro del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), explicaron que durante el sueño existen siglos hormonales y al no dormir se pierden diferentes tipos de hormonas, como las del crecimiento (somatotropina), melatonina que justo es lo que permite que una persona descanse, y la testosterona.

Si una persona duerme entre las 12 y las 2 de la madrugada todos los días se pierden descargas hormonales y al amanecer permanece una sensación de fatiga y hambre.

El doctor Carlos explicó que “es obvio que se nos van a antojar mucho mas unos chilaquiles con queso y crema que una pechuga asada y con verduras.  Ahí esta el trastorno del sueño que desencadena un sobrepeso y obesidad, es la asociación entre esas enfermedades”.

No dormir provoca que una persona se sienta cansada, que necesite energía y por consecuencia consuma una cantidad excesiva de carbohidratos y lípidos, lo que hace que el cuerpo use sus reservas de insulina y las personas desarrollen obesidad y después diabetes o hipertensión. Añadió que “esto es un circulo vicioso”.