Los líderes autoritarios se entienden, se estiman y se protegen. Esta es la lección que la historia nos ha enseñado. ¿Cómo entender la Segunda Guerra Mundial sin el eje fascista Hitler-Mussolini, al que también querían añadir a Franco? ¿Y qué hay sobre el romance Castro-Krushev? Los carismáticos líderes, tan egocéntricos y pragmáticos, parecen atraerse entre sí.

Esta semana, se dio a conocer que Donald Trump se reuniría con el líder norcoreano y bautizado por el presidente como “pequeño hombre cohete”, Kim Jong Un. Un paso que la comunidad internacional vio de manera escéptica, sorpresiva y peligrosa.

Esta acción supondría un evento sin precedentes desde la separación de las Coreas y el comienzo de las hostilidades entre EU y Corea del Norte a principios de los años cincuenta.

Desde la toma de poder de Kim Jong Un como líder supremo en 2011, éste se ha caracterizado por adoptar un discurso más bélico con respecto a Corea del Sur, impulsar el desarrollo de armas nucleares y utilizar una estrategia de disuasión, incomodando a la mayor parte de los países Occidentales y, especialmente, a EEUU.

Pero quizás Kim Jong Un no es tan diferente de su contraparte estadounidense. En realidad, hay algunos elementos que podemos identificar en ambos: su imprevisibilidad, su empatía hacia el gasto militar, su discurso políticamente incorrecto y, en general, su autoritarismo.

Por naturaleza, Donald Trump es un líder autoritario. Como gran empresario que es, no está acostumbrado a que alguien le diga lo que tenga que hacer y está dispuesto a despedir a quien sea que se le cruce en el camino.  Por supuesto que si no hemos vislumbrado muchos de estos aspectos en el gobierno es porque hay toda una estructura democrática y una oposición – dentro y fuera de su partido –  que, en buena medida, ha limitado al presidente en su primer año de gobierno.

Un encuentro de dicha naturaleza hubiera sido difícil de vislumbrar en presidencias pasadas, pero ahora, con Trump todo puede pasar. En realidad, si se analizan los aspectos previamente mencionados, no es una gran sorpresa que el presidente estadounidense y el máximo líder norcoreano puedan, en efecto, reunirse.

Por supuesto que después de los discursos de Kim y los tweets de Trump, que llevaron a Hawai a ponerse prácticamente en estado de emergencia, se podría haber pensado que esto no pasaría pronto… pero, ¡Hey! Imprevisibilidad, ¿recuerdas?

La mayoría de los expertos coinciden en que una reunión Trump-Jong Un tendría más consecuencias negativas que positivas. Se cree que aún no ha demostrado ser tan buen negociador en el terreno de la diplomacia como en bienes raíces, que podría estar caminando a su propia trampa y que su imagen podría verse gravemente afectada, tanto interna como externamente; pero si algo le podemos reconocer a Trump es su manera de romper con lo establecido y jugarse todo o nada. No olvidemos que, de lograr una desnuclearización de Corea del Norte, Trump podría incluso llevarse un Premio Nobel de la Paz y pasar a la historia como un gran presidente. Ese es un incentivo tentador para cualquiera.

Sí, los líderes autoritarios se atraen. Si la reunión se lleva a cabo, es muy probable que haya buen entendimiento, así que, con un poco de persuasión inteligente y negociación, podríamos empezar a ver una Corea del Norte menos hostil y más dispuesta a cambiar el rumbo de sus políticas belicosas. Trump enfrentaría su reto más importante hasta el momento, la pregunta es: ¿Podrá manejarlo?

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Alfonso Figueroa Saldaña es estudiante de Relaciones Internacionales en la BUAP. Ha hecho estudios de Ciencia Política en la Ludwig-Maximilians Universität München. Se interesa en temas de cooperación Alemania-México y política internacional.

 

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