Supuestamente el tiempo de campaña sirve para reflexionar sobre el país, para identificar en lo que han fallado los gobiernos federal, estatal y municipal, pero, sobre todo, para escuchar propuestas y contrastarlas entre los diversos aspirantes.

Pero… a un mes de que iniciaron las campañas presidenciales, la realidad ha superado la vida electoral. Nos enfrentamos con un México al que no le quieren entrar los gobiernos ni mucho menos los aspirantes presidenciales.

Cuando aún nos burlábamos de las absurdas ocurrencias del Bronco, o comentábamos quién era al que le habían sacado más trapos sucios en el debate presidencial, nos enterado de la noticia de que tres estudiantes de cine de Jalisco fueron secuestrado, torturados, asesinados y disueltos en ácido, con toda la impunidad en un país donde no pasa nada.

Este capítulo nos horrorizó, nos puso a pensar a dónde vamos a parar. Pronto las reacciones se convirtieron en posicionamientos políticos, nunca en acciones para detener a los culpables ni dar el ejemplo de que este tipo de delitos se castigan.

A las investigaciones las suplantó una serie de tuis que fueron expresados por el Presidente de la República, por las autoridades de Jalisco y hasta de los propios candidatos, pero todo se quedó en 240 caracteres que permite la red social.

La impunidad nuevamente se apoderó de un país. La explicación es que se trató de una confusión de un grupo de narcotraficantes, como si esa categoría ya les permitiera matar a su antojo.

Y es que hoy sabemos que además de la corrupción, la inseguridad y la pobreza, el principal problema que enfrenta el país es la impunidad.

Muchas veces se me han acercado personas a decirme que en este país no pasa nada o que en México todo se puede.

Así podemos tener casas blancas, saqueos en Veracruz y Chihuahua, firmas falsas para que dos candidatos “independientes” llenen un espacio y así infinidad de delitos que son tolerados por nuestras autoridades.

La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2017, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía arrojó que, del total de los delitos cometidos en ese año, sólo el 9.7 por ciento se denunció, y de esa pequeña cifra sólo en el 65% se inició una averiguación por parte del Ministerio Público.

Estamos hablando que el 93.6% de los delitos que se cometieron en el país no fueron denunciados y el principal motivo de las víctimas fue la desconfianza que le generan la autoridad.

Podemos decir que en nuestro país la impunidad goza de casi un 93 por ciento de éxito en todos los casos donde se comete un delito.

Tenemos una sociedad doblemente agraviada y dos veces víctima, primero por los delincuentes que nos asaltan, nos secuestran, nos torturan y después nos disuelven en ácido.

Esta es una realidad que las campañas no han respondido. Un México al que no le pueden hablar quienes aspiran a convertirse en el líder de los próximos seis años.

Hablemospormexico.org

@PedroFerriz

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