Come para darle a tu cuerpo lo que necesita, no para mantener lo que le sobra.

Anónimo

 

 

Desde 1992, cada 6 de mayo se celebra a nivel mundial el “Día Sin Dieta”, recordando la importancia de una buena alimentación y los peligros de los regímenes de comida estrictos. La finalidad de esta celebración es promover la aceptación del cuerpo humano y de la diversidad de sus formas.

En este Día Sin Dieta se pretende dar un nuevo giro a la pregunta ¿piensas todos los días en bajar de peso? centrando el interés en la autoaceptación de nuestro cuerpo y crear conciencia de la discriminación debido al peso y erradicar la gordofobia (sentimiento de repulsión o acentuado malestar contra las personas consideradas gordas, fuera de los patrones estéticos).

El concepto de Día Sin Dieta surgió cuando la feminista británica Mary Evans Young en una entrevista llamó la atención de los medios de comunicación con el eslogan “La gorda devuelve el mordisco”. Evans decidió luchar contra la industria de productos dietéticos y alertar al mundo sobre los peligros de la anorexia nerviosa y otros desórdenes alimentarios, por lo cual decidió celebrar el “Día Internacional Sin Dietas” el 6 de mayo de cada año.

Tras esa entrevista, grupos feministas del Reino Unido celebraron el “Día Sin Dietas”, y según pasaron los años, otros grupos en diferentes países comenzaron a celebrar este día, entre ellos Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, India e Israel. Con el símbolo de una cinta de color azul claro, se realiza esta celebración, con la finalidad de llamar la atención y recordar los peligros de algunos regímenes dietéticos exageradamente prohibitivos que son tendencia actual hacia la búsqueda de esa tirana delgadez que solo pocos logran.

La palabra dieta proviene del griego dayta, que significa “régimen de vida” y en la actualidad se acepta como sinónimo de régimen alimenticio, que alude al conjunto y cantidades de los alimentos o mezclas de alimentos que se consumen habitualmente.

Las dietas existen desde tiempos inmemoriales, en la antigüedad los griegos y los romanos ya practicaban regímenes que asociaban el ejercicio físico y las restricciones alimenticias. Así, en el siglo V a.C., el célebre Hipócrates, conocido como el padre de la medicina, aconsejó a los obesos, entre otras cosas: Permanecer desnudos el mayor tiempo posible; no bañarse; dormir en una cama dura; hacer ejercicios o trabajos que requiriesen el uso de la fuerza; no comer hasta que los venciera el cansancio; consumir platos ricos en grasas, a fin de saciarse con poca comida; no beber antes de las comidas, salvo un poco de vino diluido y no muy frío; ingerir alimentos secos la mayor parte del año y comer una sola vez al día. Para Sorano de Éfeso, médico del siglo II d. C., los individuos gordos eran perezosos e inactivos.

En la Edad Media Avicena, médico iraní (siglos X-XI), recomendaba el consumo de grandes cantidades de alimentos poco nutritivos. Asimismo, aconsejaba tomar baños antes de las comidas, practicar mucho ejercicio e ingerir purgantes para impedir la digestión. En Occidente, en esa época, la literatura universal cuenta con varios ejemplos de obesos. El francés Rabelais nos presentó a un personaje, Gargantúa, que tenía dieciocho papadas; y Shakespeare creó a Falstaff, un glotón vividor que tenía una tumba tres veces más ancha que las demás. Ya en la edad moderna los médicos abordaron la relación entre el peso y la alimentación desde un enfoque “científico” ya que se propusieron evaluar la relación entre el consumo alimenticio, la pérdida de peso y el gasto energético.

A partir de 1700, se incrementó considerablemente el número de obesos y se sospechaba que la holgazanería, la glotonería y también el lujo podían ser las causas de la obesidad. En el siglo XIX se progresa en la comprensión de fenómenos tales como la calorimetría y el trabajo muscular. Es a principios del siglo XX cuando el requisito femenino de estar delgada, así como el desarrollo del comercio y de las actividades vinculadas, dio lugar a la multiplicación de los regímenes para adelgazar.

Como podrá apreciar, amable lector, esta fiebre de la delgadez no ha parado de crecer. A los regímenes para perder peso se han ido añadiendo otras herramientas como la psicoterapia, los inhibidores del hambre, sustitutivos de las comidas, los productos light e incluso la cirugía, lo que ha traído una gran cantidad de trastornos a los que se inclinan por este tipo de regímenes alimenticios, por lo cual, si usted está en esa lista, disfrute este Día Sin Dieta. ¡Felicidades!

 

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jarymorgado@yahoo.com.mx

conoSERbien; www.sabersinfin.com

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