Si te emborrachas tienes un problema, si además te gusta hablar, ya tienes dos.

Anónimo

 

El día de hoy, 13 de mayo, se cumplen 1123 años del nacimiento de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, gobernante tolteca mexicano (895- 947), el cual ha sido mitificado en los últimos siglos. Durante su gobierno creó un reino de paz, sabiduría y expansión artística. Prohibió los sacrificios humanos los cuales fueron suplidos por liberación de aves, mariposas y otros insectos en lo alto de los templos. La controversia de su reinado, la embriaguez, lo obligó a dejar su lugar de origen y partir hacia el este. Desapareció misteriosamente a los 52 años en la costa de Coatzacoalcos, Veracruz.

De diversos documentos se puede reconstruir su vida: se dice que a los trece años fue estudiante en la ciudad de Xochicalco. En el año 923​ lo eligieron rey de Tula, pero en algún momento de su reinado fue convencido por el dios Tezcatlipoca de beber pulque haciéndole creer que era medicina​, razón por la cual se embriaga y hace que falte a su celibato, lo que motivó que lo expulsaran del reino. Debido a la nobleza de su vida y enseñanzas, sus descendientes le nombraron “el hijo del maguey”.

La influencia de las bebidas embriagantes ha alcanzado a otros personajes a lo largo de la historia: Sin duda la embriaguez más famosa es la de Noé ya que luego de haber soportado el diluvio, sembrado la vid, cosechada la uva y producido su vino, se embriagó y tuvo como consecuencia el conflicto con sus hijos y su nieto Canaán a quien maldijo por burlarse de él cuando se encontraba en estado etílico.

En la mitología egipcia se señala a la Diosa Hathor, que cambió de nombre luego de unas libaciones de cerveza que la embriagaron totalmente, volviéndola más buena con su pueblo. Su padre Ra la nombró la diosa de la dulzura, el amor y la pasión.

Los griegos contaron también con un personaje que se dejó cautivar por lo efectos de las bebidas embriagantes, este era el cíclope Polifemo, que había comido y encerrado a los griegos compañero de Odiseo. Éste y sus amigos lo emborracharon para cegarle el único ojo que tenía, y conseguir la libertad. Los griegos tenían otro borracho en el altar de los dioses: era Sileno, el dios menor de la embriaguez, un gordo hablador a quien le adjudicaban el don de la sabiduría.

Entre los romanos, Nerón y Cómodo se destacan por su gran gusto por el vino. La borrachera del rey huno Atila tras desposar a la adolescente Ildico ocasionó que se fuera al lecho tan ebrio que no pudo ejercer su derecho marital. Pero esto no fue lo peor, estando tan ebrio perdió el conocimiento, Atila tuvo un sangrado de nariz y se ahogó en su propia sangre, muriendo de la forma más irónica, en su propio lecho y no en el campo de batalla donde forjó su fama de gran guerrero.

Entre otros personajes aficionados a la bebida están: Juan Sin Tierra, uno de los reyes de Inglaterra, que bajo los efectos del alcohol golpeaba a su bella esposa Isabella de Angulema; Selim II del Imperio Otomano, hijo de Solimán el Magnífico, pasó a la posteridad con el apodo de al-Masti (el beodo o el borracho), porque a pesar de que el Corán prohíbe a los islámicos beber licor, Selim desde adolescente se hizo adicto a las bebidas embriagantes. Pedro I, el Grande, de Rusia tenía gran afición al vino y al vodka. Pedro con tragos de vodka era el ser más violento que uno pueda imaginarse.

Aquí en México los aztecas adoptaron un culto especial a la bebida alcohólica producida por los pueblos del centro de México: el pulque y a la embriaguez que traía consigo. De los mixtecas tomaron a Mayáhuel, diosa del maguey, que fue quién descubrió cómo perforar los magueyes para obtener el aguamiel y con el paso del tiempo, su figura fue enaltecida y divinizada. Junto con Patécatl, el señor de la raíz del pulque. Los aztecas conservaron el culto a otras deidades relacionadas con la embriaguez, especialmente a los Centzon Totochtin “cuatrocientos señores conejos”, dioses reconocidos como guardianes de esta bebida y simbolizaban las distintas personalidades que puede tomar una persona ebria: desde la alegría y euforia, pasando por la agresividad o el sueño, hasta la tristeza y el llanto.

Lo anterior, amable lector, nos hace tomar conciencia de que la embriaguez ha estado presente a lo largo de toda la historia, es por ello por lo que en caso de estar frente a esa situación no hay más que recordar la máxima de uno de los Siete Sabios de Grecia -Solón de Atenas- “Nada con exceso, todo con medida”.

 

 

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conoSERbien; www.sabersinfin.com

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