Las mansiones presidenciales de los antiguos tiranos son hoy en muchos casos atracciones turísticas y sirven de lección para que tanto gobernantes como gobernados entiendan la finitud del poder. Una visita al antiguo bunker de los Somoza en Managua muestra incluso las celdas de los felinos que la familia que gobernó esa sufriente nación centroamericana exhibía con placer. Las dichas de los gobernantes soviéticos, la casa de Ceaucescu en Rumania, todas reflejan el deseo que la ostentación de esos espacios aisle mucho más al tirano de la situación de su pueblo.

Bolivia con 40% de gente pobre tiene desde esta semana un lujoso edificio de 28 pisos como residencia de Evo Morales quien llegó a caballo de la reivindicación de su pasado en pobreza y como contestación a los ricos cuyo poder encarnaba Sánchez de Losada. Con esta ostentosa residencia -con un costo superior a los 40 millones de dólares- claramente su oposición tenía más que ver con la falta de oportunidades que a una sostenida posición contraria al boato y al lujo, pero sin compromiso en la búsqueda de la equidad y la reducción drástica de la pobreza como requerían los tiempos.

La casa de Evo es la continuación del modelo de gobierno al que parecen adecuarse todos independientemente de su afinidad ideológica. Vivir como un rey en medio de famélicos y desplazados solo pre anuncian más conflictos sociales y políticos y debe ser contestada con una vocación de servicio que encuentre en la austeridad y la decencia sus sostenes capitales. En el piso 26 donde estarán los aposentos del líder populista en un espacio superior a los 1.000 metros cuadrados varias de las vistas dan a las zonas más empobrecidas de la capital boliviana. No es solo un choque arquitectónico es algo peor: una obscenidad. Mas arriba de sus aposentos estarán los sitios de esparcimiento con jacuzzis y gimnasio que solo sirven para ostentar lo mismo que se había opuesto violentamente ante de alcanzar el poder. ¿Qué pensará en esos lugares Evo Morales? Solo su conciencia puede emerger como juez en un país donde la justicia le ha dado una nueva posibilidad de ser presidente en el 2019 a pesar del voto en contrario en el referéndum convocado por el gobierno.

Han pasado 12 años y los números negativos de Bolivia continúan. Su mayor éxito ha sido quizás acabar con las opciones que pueden contestarle el poder desde las marquesinas del establishment político, solo que ahora el representa la figura central de ellos y solo el pueblo podrá hacer generar un liderazgo alternativo.

De momento, desde el fastuoso edificio que sustituye a la “ratonera” de la residencia anterior según el mismo Evo Morales lo único que se mantiene vigente es el agudo contraste entre el poder y las necesidades de la gente y eso excede el origen racial, el color de la piel o el partido político. Eso tiene que ver con principios insostenibles para líderes que han traicionado su discurso y su compromiso y han sucumbido a las tentaciones. Solo les queda meditar desde el jacuzzi el futuro suyo y de su país. Lamentable.

@benjalibre

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