Más lejos que nunca de las políticas de Washington así lo manifestaron claramente los cinco líderes reunidos del 25 al 27 de julio pasado en Johannesburgo, Sudáfrica para celebrar la décima reunión anual bajo el título de “BRICS en África: colaboración para un crecimiento incluyente y una prosperidad compartida en la Cuarta Revolución Industrial”.

Para el mandatario chino Xi Jinping, no hay tiempo para una guerra comercial, su país inmerso en una repentina y absurda confrontación con Estados Unidos debido a una escalada arancelaria impuesta a las importaciones de diversos bienes, mercancías y artículos chinos calcula con precisión cómo contrarrestar el efecto del neoproteccionisimo norteamericano.

En la primera semana de julio entraron en vigor aranceles por 34 mil millones de dólares a las importaciones de tecnología china, en consecuencia, el gobierno de Jinping ordenó subir las cuotas aduaneras por la misma cantidad para las importaciones de soja y otros productos agrícolas norteamericanos.

Ha quedado en suspenso –por el momento sin fecha- un total de 16 mil millones de dólares del primer paquete de sanciones por 50 mil millones de dólares; y sigue a la espera de entrar en vigor otro tramo por 200 mil millones de dólares, usados por el presidente estadounidense Donald Trump como as en la manga; el amago norteamericano pretende alcanzar hasta los 500 mil millones de dólares de sanciones arancelarias contra China.

China estudia con mesura esta nueva actitud beligerante: en su intervención en el foro de los BRICS defendió nuevamente el multilateralismo, el libre comercio, las ventajas de la globalización y la necesidad de crear riqueza “gracias al comercio” a la que sumar cada vez más gente para mejorar su nivel de vida.

Asimismo, abanderó el papel de la Organización Mundial del Comercio (OMC) como eje del multilateralismo y de las reglas del intercambio, un monolito que precisamente Trump quiere –con cincel en mano- destruir y volver a edificar… a su manera.

Desde Sudáfrica emergió la respuesta de los BRICS “porque creemos en las reglas de la OMC” al anuncio previo desde Washington entre el mandatario Trump y Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, de converger a favor de reformar a la OMC con el consenso de Estados Unidos y de la Unión Europea… un hecho al que se oponen Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

La OMC mutó del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) fruto del nuevo orden mundial se puso en marcha el 30 de octubre de 1947.

Su existencia no ha sido sencilla siempre bajo  la presión de los países más industrializados, en defensa de sus propios intereses agropecuarios y de toda la actividad primaria de la producción.

A partir del 1 de enero de 1995 adquirió su nuevo nombre de Organización Mundial del Comercio con sede en Ginebra, Suiza aglutina a 164 países, lleva detrás negociaciones importantes como la Ronda de Uruguay en 1986, un parteaguas en el entendimiento entre los países participantes del comercio.

Con la Ronda de Doha de 2001, los países en vías de desarrollo defendieron un modelo de intercambio más justo sobre todo con Estados Unidos y Europa con sus políticas de subsidios agrícolas.

Así es que perviven dos visiones equidistantes a la que se añade otra tensión adicional: los BRICS quieren, en cambio, reformar a la ONU para “hacerla más democrática” no nada más circunscrita a que cinco países formen parte de su Consejo de Seguridad de manera permanente como acontece con Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia.

Para la Unión Americana hay que reformar cuanto antes a la OMC, para modernizarla ante la nueva realidad global y cambiante del siglo XXI, añadiendo más cláusulas en respeto de la denominación de origen, de la propiedad intelectual, del tratamiento a los intangibles, el internet de las cosas y agregar más apartados al respecto de qué actitudes y acciones generan distorsiones perjudiciales para los competidores en el comercio.

Los BRICS, en cambio, solicitan que países como Estados Unidos y otros de los llamados industrializados respeten las reglas del juego que ya están estipuladas acusándolos de proteccionistas de “piel delicada” que al verse rebasados en la competencia esgrimen cualquier tipo de argumentos para auto proteger a sus productores.

Ahora mismo en España, los productores de aceituna negra de mesa sufren los embates arancelarios de Trump tras entrar en vigor el 1 de agosto pasado un arancel del 34.75% a las importaciones de este alimento.

 

 

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

 

 

@claudialunapale

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