Cartes lo tuvo todo. Viento a favor, sin pasado partidario como lastre, sin depender de nadie económicamente para alcanzar el poder, pero… lo destrozó todo a su paso en estos cinco años y volvió a ganarle y ganarnos la decepción. Se va por la puerta de atrás, un presidente que intentó vanamente ser amado y reconocido por su pueblo. No tuvo problemas con el congreso y menos con su disciplinado partido que nunca tan siquiera se animó a plantearle una crítica. Supo la debilidad de los políticos a los que no titubeó en calificarlos de meretrices y vendidos. Se convirtió en el regente de uno más grande llevado por los cantos de sirena que lo consentían todo incluso cuando claramente, todo eso lo perjudicaba.

Se va un arrogante que despreció a su pueblo al que sus propios voceros propagaron aquello de “usen y abusen del Paraguay”. Se creyó el cuento de la reelección y cargó sobre la ley fundamental de la República perdiendo y haciendo perder casi dos años de gobierno. Entre el tiempo que le costó aprender la diferencia entre una tabacalera y la administración y el perdido en todas sus aventuras políticas fallidas, fácilmente se fueron casi dos terceras partes de su gobierno. Era y es muy difícil ser querido sin querer. Solo el padre Trento y algún funcionario promovido se quedan entre los gratificados. Ahora verá desfilar los supuestos leales que lo condenaron por todo lo que hizo y dejó de hacer.

Se carga un muerto en un local partidario, varios militares, policías, secuestrados y una distorsión completa de la administración del Estado puesta al servicio de sus gerentes que sí entendieron muy bien de eso de “usen y abusen”. Se cargaron todos los negocios que pudieron a cuenta de dedicar su tiempo al servicio de la República sin ninguna obligación ni responsabilidad legal. Abdo debe aprender esta lección que muchos de sus cercanos querrán repetirla.

Pudo haber sostenido la institucionalidad y arrasó con ella, pudo reformar el Estado y lo mantuvo igual o peor, pudo hacer olvidar su pasado, pero el karma retornó una y otra vez para hacernos la vida miserable.

Se va Cartes y con él un modelo de alcanzar el poder. Lo suyo surgió de una mesa de póker y terminó con una gran balacera en el salón del far west al que convirtió el país. Hay mucho por aprender de su paso para no volverlo a repetir. Se va decepcionando una vez más y haciendo perder cinco años en la vida de la República. Su futuro: será ignominioso.

 

 

 

 

 

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