El cambio del sistema que no ha sido dimensionado ni entendido aun en la política, aceleró notablemente el hastío ciudadano y el agotamiento de los gobiernos. Es casi obsceno para muchos ver los fastos de cambios de administración con un desfile del poder político ante los ojos de una de las regiones más desiguales y empobrecidas del mundo. Nuestros políticos vienen fracasando de forma reiterada y parecen no dimensionar el nivel de repudio que abierta o silenciosamente existe sobre ellos. Creen reinventar la rueda con algún hecho circunstancial al que se amarran mientras todo sigue igual, inmutable y con saldos rojos.

Brasil ha dado a conocer esta semana sus números de violencia anual. Alcanzaron casi 65 mil asesinatos por año. Si leyó bien. Mucho más que Colombia, México o Honduras. Se mata un policía por día en este país que inició su campaña política el pasado 15 de agosto y que tiene como favoritos a un preso y a un militar que promete mano dura. En Paraguay asume un joven de presidente, a caballo de las eternas promesas de cambio y con un grito ahogado de que no quiere tener jueces amigos. Está clamando por un magistrado como Moro que limpie la cloaca a cielo abierto de la política de su país. Veremos si lo hace o si le dejan hacer. O algo peor que no encuentre ni fiscales ni jueces que se crean este llamando a la independencia y la autonomía. Es el tiempo de la justicia en un subcontinente terriblemente injusto donde cometer un crimen solo tiene 1% de posibilidad sancionadora. Eso pasa en México, Paraguay o Brasil donde la economía del crimen paga muy bien para desaliento de los buenos y los éticos.

La democracia formal se agotó. No se puede seguir aparentando algo que no existe. No se puede ser fiel a una democracia sin evangelio ético que sea vivido y percibido como tal. A los que usaron el formato democrático para sostener sus gobiernos autoritarios no les queda más que sacarse la máscara y actuar a rostro descubierto robando y matando. Los que le hagan el juego a la formalidad son cómplices y como tales deberían ser tratados. Este sainete no aguanta más las mismas obras con los mismos actores. Es tiempo de renovación profunda porque en las marquesinas esos nombres solo generan repudio, pobreza y delincuencia.

Hemos agotado la paciencia de la gente que hoy tiene conciencia que ya no tiene mucho que perder y comprende que su falta de oportunidades en democracia se deviene de la corrupción y prepotencia del poder. Buscan liberarse primero para después diseñar nuevas formas de administración que supongan oportunidades para ellos.

Estamos rizando el rizo cuando el sistema se agotó y debe ser reformulado. Cuanto más tarde se haga la tarea, más dolorosa la existencia para muchos.

@benjalibre

COMPARTIR