Este fin de semana pasado, el presidente ruso estuvo en suelo europeo en una cita bastante significativa, y aunque no bailó el Danubio Azul, sí asistió a una boda en Austria y danzó con la novia para después acudir a Alemania para reencontrarse con la canciller Angela Merkel.

Vladimir Putin lleva tiempo componiendo su propia melodía intentando reorganizar las relaciones geopolíticas de Rusia maltrechas desde 2014 con la Unión Europea (UE) tras la anexión de Crimea y la ciudad de Sebastopol que el mandatario eslavo defiende como un referéndum legal “donde la mayoría votó abrumadoramente” por reintegrarse al territorio ruso.

En consecuencia, a Rusia le pusieron una serie de sanciones, además tanto la UE como la OTAN han abrazado a Ucrania y a otras naciones pequeñas de Europa del Este que alguna vez formaron parte de la URSS las han acogido bajo su protección atemorizadas porque Putin se las quiere anexionar.

Avaladas por la ONU, desde marzo de 2014, a las sanciones se sumaron Estados Unidos por la violación de la soberanía ucraniana y recientemente –en junio pasado- el Consejo Europeo anunció que no levantará las sanciones prorrogándolas por un año más para malestar del Kremlin.

Y falta la vuelta de tuercas desde Washington porque está en vísperas de anunciar nuevas sanciones contra la economía rusa lo que implica una presión fortísima para los planes y previsiones de crecimiento del equipo de Putin desesperado por atraer más inversiones y colocar sus productos agropecuarios en Europa.

El PIB ruso comenzó a desinflarse con las presiones externas: en 2011 creció 4.3%; en 2012, 3.4%; en 2013, 1.3%; el año de la entrada en vigor de las sanciones la economía creció marginalmente un 0.7% y después cayó un 3.7% en 2015 y para 2016, bajó un 0.2% y finalmente en 2017 se recuperó un 1.8 por ciento.

Rusia es una nación con 142.2 millones de habitantes primordialmente predominan los jóvenes de 25 años de edad ávidos de trabajar, potenciales consumidores e inversores y para ello requieren de estabilidad laboral; la economía rusa genera 4 trillones de dólares anuales de riqueza, según datos del Fact Book de la CIA de 2017.

Putin quiere hacer de su país una superpotencia económica ha buscado alianzas con China, con India, con Irán pretendiendo su consolidación regional y hasta le ha insistido varias veces a Kim Jong-un de que acuda a Moscú de visita oficial interesado además en realizar inversiones en Corea del Norte.

Pero Europa y también Estados Unidos son claves en la gran aldea global y el traspatio ruso tiene con los europeos sendos intereses energéticos: Rusia posee el gas y el petróleo anhelado por ellos para encender la calefacción cada largo y duro invierno. Para eso está el Nord Stream 2 que llegará hasta Alemania.

 

A COLACIÓN

Putin quiere congratularse con los líderes europeos y no halla cómo, vetado, además, desde 2014, del cónclave del G7 lleva años deshaciéndose en gestos con otros homólogos del Viejo Continente, por ejemplo, sufraga anualmente el árbol navideño instalado afuera de Notre Dame en París.

Pero el gélido distanciamiento ruso-europeo ha encontrado un resquicio, una ventanita abierta bruscamente por Donald Trump… el presidente estadounidense ha dejado de ser un socio confiable para buena parte de los dignatarios europeos considerado además voluble, grotesco y manipulador y ese agrio distanciamiento entre Estados Unidos y Europa ha puesto en las manos de Putin una inesperada batuta y una nueva partitura de la que él busca salir beneficiado.

El sábado pasado llegó a Estiria, Austria, invitado a la boda de Karin Kneissl, la ministra de Asuntos Exteriores miembro del partido ultraderechista Partido de la Libertad, aunque también Putin ha congeniado con el primer ministro austriaco, Sebastián Kurz, militante del Partido Popular Austriaco.

Después se trasladó al castillo de Meseberg, a menos de una hora de Berlín, para reunirse con la canciller Merkel una reunión de trabajo para conjurarse por Siria y Ucrania, dos focos rojos de inestabilidad en los que se han puesto de acuerdo para reflotarlos.

Para Siria, la idea es concluir la pacificación y contribuir a su reconstrucción, a fin de facilitar lo más rápidamente posible el retorno de los refugiados sirios a su maltrecha nación; Putin dio las cifras precisas: hay un millón de refugiados en Jordania, el mismo número en el Líbano y 3 millones más en Turquía.

Desde Berlín y Moscú intentan normalizar las relaciones rusas con Ucrania y ambos convergen a favor de los Acuerdos de Minsk. Los dos quieren avanzar rápidamente en ambos temas, cabe decir, que en los últimos cinco años Putin y Merkel han hablado en 54 ocasiones y se han visto otras quince.

 

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

@claudialunapale

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