Hoy en día, los probióticos parecen estar en todos lados: en los yoghurts, algunas legumbres, bebidas lácteas, panes e, incluso, en comida para perros. Pero quizá te sorprenda saber que los científicos descubrieron una fuente rica en probióticos en los pañales sucios: así es, la popó —caca, heces, excremento o como desees llamar a los desechos orgánicos— de bebés es un superalimento que puede ayudarte a mejorar tu salud.

Científicos de la Universidad de Medicina de Wake Forest desarrollaron un coctel probiótico derivado de las cepas de bacterias intestinales que se encuentran en las heces de los bebés y que pueden ayudar a aumentar nuestra capacidad para producir ácidos grasos de cadena corta (AGCS).

“Los ácidos grasos de cadena corta son un componente clave de la buena salud intestinal”, dijo el investigador principal del estudio, Hariom Yadav, profesor asistente de medicina molecular en la Escuela de Medicina Wake Forest.

“Las personas con diabetes, obesidad, enfermedades autoinmunes y cáncer, con frecuencia tienen menos ácidos grasos de cadena corta que las personas sanas. Por ello, aumentar el número de AGCS puede ayudar a mantener o, incluso, restaurar un entorno intestinal normal y, con suerte, mejorar la salud“, aseveró el investigador, cuyos hallazgos se reportaron en la edición de agosto de Scientific Reports.

Investigaciones recientes demuestran que cepas probióticas específicas pueden prevenir o tratar eficazmente ciertas enfermedades, lo que ha llevado a una gran demanda de suplementos probióticos en la última década; sin embargo, los informes científicos sobre los efectos de los probióticos en sujetos sanos y libres de enfermedad han permanecido relativamente limitados e inconsistentes.

Por esa razón, el equipo de investigadores diseñó el estudio para examinar los efectos de las cepas probióticas derivadas de muestras de heces humanas sanas y para determinar cómo funcionaban.

“Los bebés, en general, son bastante saludables y claramente no padecen enfermedades relacionadas con la edad, como la diabetes y el cáncer”, dijo Yadav. “Y, por supuesto, su popó está disponible”.

Para el estudio, el equipo de Yadav recolectó muestras fecales de 34 bebés sanos. Después de seguir un estricto protocolo de aislamiento, caracterización y validación de seguridad de cepas de Lactobacillus y Enterococcus de origen intestinal infantil con atributos probióticos, los investigadores seleccionaron los 10 mejores de los 321 analizados.

Para probar la capacidad de estos probióticos de origen humano para cambiar el microbioma intestinal —bacterias que viven dentro de la vía digestiva— y su capacidad para producir AGCS, se administró a ratones una dosis única, así como a cinco dosis consecutivas de este cóctel probiótico. Luego, los investigadores inyectaron la misma mezcla de probióticos en las mismas dosis en un medio de heces humanas.

Los científicos descubrieron que la administración de estos probióticos seleccionados modulaba el microbioma intestinal y mejoraba la producción de AGCS en el intestino del ratón y las heces humanas.

“Este trabajo proporciona evidencia de que estos probióticos de origen humano podrían explotarse como regímenes bioterapéuticos para las enfermedades humanas asociadas con el desequilibrio del microbioma intestinal y la disminución de la producción de AGCC en el intestino”, dijo Yadav.

“Nuestros datos deberían ser útiles para futuros estudios destinados a investigar la influencia de los probióticos en el microbioma humano, el metabolismo y las enfermedades asociadas”.