Dos meses y medio han pasado desde el 26 de junio, el día que Vogel, de 27 años, doble campeona olímpica de velocidad (Londres 2012 y Rio 2016), sufriera un grave accidente al chocar con una compañera mientras se entrenaban en la pista a más de 60 kilómetros por hora sobre una bici de piñón fijo.

Por primera vez desde entonces, la ciclista ha concedido una entrevista, a la revista Spiegel, en la que públicamente anuncia que, en efecto, como temía desde el primer segundo, debería pasar el resto de su vida en una silla de ruedas.

“Es una mierda”, dice. “No hay otra forma de expresarlo. Lo mires como lo mires, es así. No puedo volver andar. Y cuanto antes lo acepte, antes lo podré asumir”.

Poco después de caerse, Kristina Vogel, tendida sobre la madera dura del velódromo de Cottbus, vio cómo una persona le quitaba las zapatillas y era como si se las quitara a otra persona, no notó nada.

“Ya entonces fui consciente de que me quedaría parapléjica, de que ya no volvería a andar nunca”.

Inmediatamente después del accidente, Vogel fue colocada en un coma artificial y operada infructuosamente durante horas de la grave lesión de médula espinal que sufrió.