Las multitudinarias marchas neonazis y xenófobas en Kemnitz, la popularidad de Jair Bolsonaro en Brasil y su atentado, así como los debates en torno a la “tolerancia cero” de Estados Unidos demuestran hoy más que nunca la polarización que vive la sociedad en el mundo.

Todo comenzó un 16 de junio de 2015. Donald Trump anunciaba su candidatura a la presidencia emitiendo un discurso discriminatorio en contra de migrantes mexicanos, un discurso de odio. Un año más tarde era elegido presidente de Estados Unidos.

Poco después, el 23 de junio, se dieron a conocer en el Reino Unido el resultado de las votaciones sobre la permanencia de los británicos en la Unión Europea. El resultado, a favor de la salida del bloque comunitario, regocijó a líderes nacionalistas y xenófobos, tales como Boris Johnson y Nigel Farage. Otro golpe más a los ideales de inclusión y asimilación europea.

El 31 de agosto de ese mismo año, Angela Merkel pronunciaba su emblemático discurso de “Wir schaffen das”, refiriéndose a que Alemania, junto con sus aliados europeos, estarían dispuestos a ejercer la dura tarea de responsabilidad social que conllevaba la admisión de refugiados sirios y africanos en territorio europeo. Sin embargo, poco después, el partido xenófobo y antimigración Alternativa para Alemania se convertía en una importante fuerza de oposición que finalmente terminó por convertirse en la tercera fuerza política en las elecciones federales de 2017.

El modelo de la “political correctness” se acababa para dar paso a lo “diferente”, a los políticos “fuera de lo común”, que decían todo sin tener pelos en la lengua, aunque fueran declaraciones  sexistas, discriminatorias y simplemente groseras.

La política tradicional ya no estaba de moda, la gente quería líderes como ellos, cansados del establishment, aún si eso significaba poner en riesgo todo lo que cuidadosamente se había construido años atrás.

Hoy la sociedad de diversos países, incluido México, está más dividida que nunca. Pocas veces en la historia reciente se había visto tal polarización. En Alemania, los recientes acontecimientos en Kemnitz vuelven a poner en debate la inmigración y – más a profundidad –  el cuestionamiento sobre si la Reunificación verdaderamente ha sido incluyente con aquellos que vivieron bajo el yugo soviético, pues aún hoy en día pareciera que hablar de Alemania es más bien hablar sobre “las Alemanias”.

El verdadero impacto del efecto AfD se verá en las próximas elecciones de Baviera, las cuales están previstas para llevarse a cabo en octubre. Siendo el estado más rico de Alemania, sería un duro golpe para el gobierno de Merkel (aliado con la CSU) si los xenófobos logran imponerse.

Finalmente vale la pena mencionar el efecto que todos estos acontecimientos han tenido en América Latina. Sobre todo en Brasil, con el “Donald Trump brasileño”, un militar machista, racista y que se dedica a “incentivar el odio” (según Dilma Rouseff), polarizando como nunca antes a la sociedad brasileña. Además, cabe mencionar que va arriba en las encuestas. A tal grado ha llegado dicha polarización que el candidato fue apuñalado el pasado jueves, algo no visto en la historia reciente de América Latina.

¿Cuánto más va a durar esta etapa de locura? ¿Esta etapa de intolerancia y exclusión? No lo sabemos, pero una vez más, tal como sucedió en el 33, la popularidad de todos estos políticos y los votos que obtienen no se las otorgó ni Dios ni el diablo, sino el pueblo. ¿Qué nos pasa? ¿Es que estamos condenados a vivir en un péndulo en el que renunciamos a la estabilidad y a la paz para regresar al conflicto y a la intolerancia? ¿Estamos condenados como raza humana ser autodestructivos? Mi generación y otras por venir, ¿seremos capaces de resignificar la política y construir una democracia con valores liberales? O es que, para cuando lleguemos, nos tocará reconstruir un mundo en ruinas…

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