El presidente de Google, Sundar Pichai reconoció por primera vez públicamente que el gigante tecnológico está considerando un motor de búsqueda en China, idea criticada por los defensores de los derechos humanos, al asegurar que puede ofrecer “mejor información” que los servicios rivales.

En una conferencia por el 25 aniversario de la revista Wired, Pichai dijo que los ejecutivos de Google se sienten “obligados a pensar duramente” sobre China, a pesar de las críticas por la posibilidad de conformarse a las exigencias en censura de Pekín.

“Siempre equilibramos un conjunto de valores”, dijo, añadiendo: “también cumplimos la ley en cada país”.

Pichai describió el proyecto Dragonfly, que es objeto de críticas por empleados de Google, legisladores y activistas de derechos humanos, como un intento de aprender sobre que lo que la compañía podría hacer si retoma sus operaciones de búsqueda en China.

“Resulta que podríamos responder a más de 99% de las preguntas (de búsqueda)”, dijo en una sesión de preguntas y respuestas.

“y hay muchas áreas en las que ofreceríamos mejor información de la que está disponible”.

Aunque no dio detalles sobre el avance de la iniciativa, Picahi dijo que tiene una “visión a largo plazo” sobre China.

“No sabemos si haremos o podremos hacer esto en China pero sentimos que era importante explorar”, dijo.

Según el empresario, “dada la importancia del mercado y cuántos usuarios hay” en Google, se sienten “obligados a pensar mucho sobre esto”.

Google, una filial de Alphabet, cuenta con tres oficinas y 700 empleados en China, donde logra importantes beneficios en materia de publicidad.

Pero en 2010 abandonó su motor de búsqueda, en rechazo a los requerimientos de Pekín de censurar los resultados.

Picahi también se refirió a la decisión de Google de renunciar a competir por un contrato de almacenamiento de datos en línea (“cloud”) del Pentágono, al subrayar que pese a no oponerse a trabajar con el sector militar, la compañía no quiere ser parte de armas automáticas.