Investigadores hallaron más de 200 fosas comunes con entre 6.000 y 12.000 cadáveres tras el reinado de tres años del grupo extremista Estado Islámico en Irak, dijo Naciones Unidas el martes.

Las 202 fosas verificadas por investigadores están dispersas por el norte del país y son un “legado del terror del Estado Islámico”, según un comunicado conjunto de la misión de la ONU para Irak y la Oficina de Derechos Humanos del organismo. Los hallazgos de las tumbas pueden ser empleados como pruebas de los crímenes de la milicia radical, apuntaron.

Las fosas datan de entre 2014 y 2017, cuando el violento grupo gobernó algunas de las principales ciudades y pueblos del país.

Durante su ofensiva en Irak y en la vecina Siria, los insurgentes asesinaron en masa a miembros de las fuerzas de seguridad capturados, expulsaron o mataron a minorías y esclavizaron a mujeres de la secta yazidí. Según Naciones Unidas, estas violaciones generalizadas podrían constituir genocidio.

Varias tumbas halladas en la provincia iraquí de Salahuddin contienen los restos de las víctimas de la masacre del Campo Speicher, en 2014, cuando los radicales mataron a alrededor de 1.700 miembros de las fuerzas de seguridad y cadetes del ejército.

En algunos casos, los radicales tiraron a sus víctimas en pozos o sumideros en lugar de cavar fosas. Según los investigadores, en un sumidero en Khasfa, al sur de Mosul, la ciudad más importante que estuvo en manos del Estado Islámico, podría haber miles de cuerpos.

Las autoridades iraquíes han exhumado los restos de 1.258 víctimas de 28 fosas, según la ONU, que pidió que se identifiquen los restos de todos los fallecidos y se haga justicia con sus familias. Los cuerpos deberían preservarse y ser devueltos a sus parientes, agregó.