La guerra no solo son bombas, artillería pesada, destrucción de infraestructura y miles (sino es que millones) de víctimas civiles, en la invasión de territorios por diversos intereses geoestratégicos se combinan multitud de factores.

Y se juegan decisiones que terminarán cambiando el rumbo de los acontecimientos, en suma, el curso de la Historia; el arte de la guerra escribió el general Sun Tzu -hace más de 2 mil 500 años en la antigua China-, radica en comprender la naturaleza del conflicto.

Una animosidad de la que tampoco escapan las empresas multinacionales con sus juegos de poder y penetración de mercados, en un mundo globalizado en el que la competencia es tan feroz y descarnada que se convierte en un roce de pequeñas batallas.

Hace unos días atrás entrevisté a Ignacio González Posada, autor de “Cómo ganar una guerra”, y en su opinión estamos ante un mundo sometido a unas fuerzas que se creían olvidadas y “con mucha volatilidad, con mucha incertidumbre, que causan una gran ansiedad”.

Esto se refleja en la faceta empresarial. La globalización y la transformación digital han cambiado las reglas, ya nadie tiene la seguridad que había en el mundo anterior. Pequeñas start-ups están derribando a gigantes multinacionales, negocios tradicionales están siendo ‘conquistados’ por aplicaciones móviles desarrolladas a miles de kilómetros”, afirma el experto.

El economista por la Universidad de Oviedo realizó un libro que traza un símil entre la Segunda Guerra Mundial trasladado al ámbito del quehacer empresarial, en el que existen tanto buenas como malas decisiones, que por supuesto hacen “vencedores o vencidos” a los corporativos en su acción empresarial.

Decía Otto Von Bismarck que “a un ejército conquistador apostado en la frontera no se le detiene con elocuencia”, en la actualidad las palabras del canciller unificador de Alemania en el siglo XIX parecen más vigentes que nunca en medio de enormes tensiones geopolíticas.

En voz de González, hay cuatro factores que definen, limitan y afectan el entorno en el largo plazo: “La geografía-recursos, la cultura-política, la demografía y la tecnología. Por mucho que nos empeñemos estas fuerzas simplemente existen y nos condicionan, negarlas es no ver la realidad”.

En los últimos años, añade el escritor español, dentro de la lista de riesgos que perciben los altos directivos internacionales “se ha encaramado el concepto de riesgo geopolítico”.

Simplemente, ¿cómo va a afectar a los empresarios mexicanos el Brexit? ¿Qué impacto tiene la crisis de Venezuela en Pemex? ¿Alguien podía haber predicho la elección de Donald Trump? ¿Por qué se ha producido? ¿Cuáles son sus consecuencias?”.

A COLACIÓN

En Cómo ganar una guerra se explican diversos casos empresariales con decisiones que bien podrían asemejarse a las tomadas por un mariscal del ejército ante una invasión. La capacidad de gestión y la toma de decisiones son dos elementos claves.

Muchas veces ambas dependen de la capacidad de los líderes, y en la política como la empresa, esa concentración de autoridad puede terminar no siempre con éxito.

En su libro que comienza el 1 de septiembre de 1939 y termina el 2 de septiembre de 1945, durante todo el relato recorre los campos de batalla de Francia, Rusia o el Pacífico, pero también los despachos de altos directivos de Coca-Cola, Microsoft, Sony o Procter & Gamble.

Las grandes multinacionales no sólo tienen que ‘combatir’ contra los competidores habituales de su tamaño, nacionales e internacionales, sino también contra las start-ups que amenazan con la disrupción del status quo”.

Continúa González: “El mayor riesgo para una multinacional es perder el foco de su estrategia. Como Felipe II y el imperio español del siglo XVI, se puede dar la paradoja que la empresa más fuerte del mundo sea débil en todas partes. Le pasó a Kodak ¿quién iba a pensar en 1990 que sería Google y no Microsoft el líder de Internet? ¿Qué fue lo primero que hizo Steve Jobs cuando volvió a Apple? Pasó de producir 27 modelos de ordenador, impresoras y todo tipo de periféricos a 4 modelos de ordenador y dejar de producir impresoras y periféricos”.

Perdió cuota de mercado, pero Apple volvió a ganar dinero y se volvió rentable, entonces pudo pasar a la ‘ofensiva estratégica’, y con estos flujos de caja, logró desarrollar el Ipod… y la historia del mundo cambió con ello. Una vez más, estrategia, unidad de mando y sencillez”.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales