Taxativamente la oficina regional de la OMS para Europa reconoce una paradoja en la actual epidemia de sarampión: “Si bien las tasas de vacunación globales han mejorado sustancialmente en los últimos años, la cobertura vacunal real es desigual, de forma que en determinadas regiones y países permanecen bajas y con un gran número de personas desprotegidas”.

Hay cierto cinturón del virus en Europa del Este, con países como Ucrania haciendo de foco, aunque hace unas semanas atrás una turista mexicana regresó infectada de sarampión a Nuevo León (el estado no tenía ningún caso desde 1994) tras visitar Francia.

El Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (INDRE) confirmó la infección de la mujer de 54 años “habitante de Monterrey” y que viajó a París vía San Antonio-Houston-Francia.

Como reacción inmediata las autoridades sanitarias regiomontanas revisaron in situ a los habitantes “ubicados a 25 calles a la redonda” de donde reside la enferma y procedieron a la vacunación como medida precautoria.

En México, se aplican dos dosis de inmunización contra el sarampión: a los bebés que cumplen un año de nacidos y un segundo refuerzo al llegar a los seis años de edad; hay consternación y se le está dando seguimiento al tema.

Hace unos días contacté a Catharina de Kat, vocera de la Oficina Regional en Europa de la OMS, y me explicó que los países del este de Europa tienen el reto de lograr una tasa de inmunización del 95%, algo que por ahora está muy por debajo.

De Kat recordó que el sarampión puede infectar –siendo además peligroso-, a cualquiera que no esté inmune sin importar la edad que tenga: desde un niño pequeño hasta un adulto mayor.

Le pregunté cuál es la réplica de la OMS contra los grupos antivacunas, en su postura, los programas de inmunización funcionan, “han logrado importantes éxitos” siempre que haya continuidad; “lo hemos visto con los programas implementados desde 1970, al menos así lo observamos particularmente en la región europea”.

El número de casos en cuanto a contagios había descendido significantemente, de hecho, hay países que declararon diversas infecciones eliminadas o erradicadas en consecuencia esa percepción ha hecho que cierta parte de la población haya bajado la guardia para continuar con la inmunización.

Aunque también hay posiciones, agregó de Kat, en las que algunos padres de familia encuentran inconvenientes en los servicios públicos de vacunación porque temen efectos colaterales adversos, “pero no hay tales” son más las consecuencias “fatales por no vacunarse y poder contraer la infección”.

“La divulgación de información incorrecta acerca de las vacunas lamentablemente tiene un impacto en los padres y en cambio obvian sus enormes beneficios; algunos hasta cuestionan, por desconfianza en su propio sistema de salud”, añadió.

A COLACIÓN

Hay quienes esgrimen otros argumentos como la posición de los que las critican (a las vacunas) porque esconden un negocio detrás,   la vocera de la OMS respondió que el organismo internacional provee recomendaciones, orientación y apoyo técnico a los organismos públicos de salud de los países del mundo sobre todo para cuestiones de inmunización… pero la OMS “no produce, no compra y no vende ni comercializa con vacunas”.

La vacuna del sarampión fue producida en 1963, ese año entró en los calendarios de vacunación nacional de diversos países para comenzar con su suministro (se identificó a la población objetivo y el número de dosis); su introducción ha diferido de país a país pero la mayoría, al menos, en la región europea, la incluyeron en 1970 y en 1980.

Aquí en España empezó a utilizarse a partir de 1981, de acuerdo con la Asociación Española de Pediatría, la vacuna contra el sarampión forma parte de la triple vírica contra la rubeola y la parotiditis y se pone una dosis a los 12 meses de nacido y la segunda dosis a los 3 o 4 años de edad.

“La vacunación de los niños ha generado mucho interés… en cambio, en España hay muchos adultos que no han recibido nunca la vacuna triple vírica y que tampoco pasaron la enfermedad, lo que ha causado recientes brotes de sarampión en adultos en nuestro país”, confirmó la sociedad pediátrica.

“Esto hace que ahora se recomiende que los nacidos entre los años 1966 y los primeros años ochenta que fueron vacunados en su momento o que no pueda documentarse su inmunidad (porque sepan seguro que no pasaron la enfermedad o porque no hay evidencia serológica) deban recibir al menos una dosis de vacuna triple vírica. Los nacidos antes de 1966 presentan inmunidad natural”.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales