Desde hace un par de años hemos generado nuestra propia clase nobiliaria en internet. Adaptamos títulos  como “lord” y “lady” y los usamos en forma de sátira para expresar indignación hacia comportamientos incorrectos y abusivos, sin darnos cuenta que al brindar notoriedad a este tipo personajes, quizá estemos fomentando estas actitudes como aceptables. Vivimos una realidad donde la reputación es cada vez menos relevante ante la necesidad de ser visto y reconocido a toda costa, quizá todos en algún momento obtendremos nuestros 15 minutos de fama en redes sociales.

Hace un par de días tuve la oportunidad de charlar con un buen amigo que es un artista y recientemente encaminó su obra a la caricatura política. -por la cual, siempre he tenido una extraña fascinación, debido a el humor negro que maneja- Me comentó que el principal reto que ha tenido hasta el momento es el uso de la sátira, ya que en este recurso es donde se basa gran parte del humor de su obra; Aunque hizo hincapié que sus materiales no tienen una pretensión humorística en primera instancia; sino que es un ataque a actitudes, personajes o sucesos que desaprueba y aborda con ironía utilizando elementos opuestos entre sí y que en contexto dan sentido al humor de la caricatura política. En otras palabras, busca un tema con el que no está de acuerdo y brinda un contexto diametralmente opuesto, el cual, resulta tan contradictorio que es irónico; evidenciando las razones de su molestia en espera que el espectador pueda compartirlas con un poco de humor y con suerte hacer algo por cambiarlas.

Me parece que el uso de la sátira es una constante en la creación de muchos “memes”, que ya tendremos tiempo de abordar en otra ocasión. Por ahora quiero hacer énfasis en el fenómeno de nombrar “lord” y “lady” a todo personaje prepotente que es atrapado en cámara y expuesto en internet. Primero la ironía en los términos: La palabra “lord” es un título nobiliario inglés, que se utiliza formalmente para dirigirse a un barón, marqués, conde o vizconde; etimológicamente se entiende como “bread keeper” (dueño o guardián del pan), y se utiliza como una cortesía para la descendencia de los títulos antes mencionados. Por otro lado, la expresión “lady” no es un vocablo nobiliario, sino una forma cortés de dirigirse a una mujer de buena posición social y moral recta. Ambos términos son asociados a las clases altas, además de que conllevan una serie de comportamientos y reglas morales a través de las cuales se rigen este tipo de personas.

Así que anteponer estos términos a personas que presentan un comportamiento diametralmente opuesto a lo esperado resulta en una ironía, a veces cómica, como el caso de “#LadyCoralina” una chica que fue captada en su despedida de soltera besándose con una persona que no era su prometido, o en otras ocasiones simplemente disruptivo como “#LordNazyRuso” en referencia a una persona de origen eslavo que cometía actos de racismo en Cancún Qro.

La ironía entre el comportamiento que presentan las personas denominadas lord o lady y el sentido de las palabras, no es suficiente para generar la crítica que regularmente contiene la sátira. Aquí el segundo argumento, donde el contexto es el que brinda la relevancia suficiente para que el sarcasmo pase de humor simple, a una verdad incómoda expuesta por la burla, y con suerte derive en una acción que genere un cambio de pensamiento. Por ejemplo, el caso reciente de una mujer que supuestamente tuvo relaciones sexuales durante su despedida de soltera y fue denominada #LadyDespedida, además de contener el sarcasmo de los términos, el contexto brindó las características morales para la crítica a su comportamiento; situación que inevitablemente puso el tema de la libertad sexual entre hombres y mujeres, fomentando las opiniones críticas de algunos y la necedad de la legión de idiotas.

Entonces en cada aparición de un nuevo #Lord o # Lady presenciamos una crítica a situaciones y valores sociales que demandan un escarnio social, y fomentan una denuncia interactiva en redes sociales. En este sentido, la aparición de este fenómeno sería bueno para generar un cambio de actitud y poner en la mesa temas como: el alcoholismo #LadyPolanco, tráfico de influencias #LadyCasim, prepotencia #LadyProfeco, libertad sexual #LadyCoralina, etc. Sin embargo, la exposición de este tipo situaciones difícilmente desencadena acciones individuales o colectivas ante estos asuntos, debido a que la notoriedad que adquieren los protagonistas de los hechos tiene más relevancia que cualquiera de estas causas.

Umberto Eco menciona que desde hace tiempo el concepto de reputación ha sido sustituido por el de notoriedad. Lo que importa es ser reconocido por nuestros semejantes, pero no en el sentido del reconocimiento como estima o premio, sino en el sentido más banal que los otros, al verte digan <<Mira, es él>>. Es por esta razón que cada vez es más común encontrar gente que requiera notoriedad a base de escándalos y polémicas en redes sociales, ya sea de forma voluntaria o involuntaria.

El escalón de moralidad en el que nos paramos a ver y juzgar el escrutinio público de otras personas, parece brindarnos la capacidad moral de etiquetar y entender la causa de sus acciones. Todos en algún momento podemos convertirnos en aquello que criticamos y señalamos (quizá ya lo somos), porque en una sociedad más conectada y vigilada, estamos a unos cuantos minutos de video de convertirnos en una sátira de nosotros mismos.

 

Twitter: @emmfega

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