El mundo está cambiando en muchos aspectos ideológicos, es innegable la relevancia que ha tomado la equidad de género y cómo el papel de la mujer ha sido vital para acontecimientos relevantes en estos últimos años. Un empoderamiento notable y fundamental.

Ante esto, el cine no ha sido la excepción, papeles importantes para las actrices, las temáticas sobre la igualdad de género y ante todo, el reconocimiento al género femenino en la industria, en la cual sin duda aún hay muchos aspectos en este tema en el que seguramente ira creciendo.

Las marcas Marvel y DC habían trabajado hasta ahora con un equipo liderado por figuras masculinas, y digo hasta ahora, porque la primera película en solitario de “Mujer Maravilla” viene a romper por partida doble con este hito: una súper heroína en el papel protagónico y una mujer directora.

Patty Jenkins y Gal Gadot filmado una secuencia de “Wonder Woman”.

Patty Jenkins (Monster, 2003) da un gran salto del cine independiente y la televisión, a un proyecto de gran magnitud, tanto en producción como en niveles de audiencia y que le significaba un gran reto dentro de este sub-género del cine actual.

Por otro lado la actriz israelí, Gal Gadot, aunque con un personaje ya presentado anteriormente, este significa el reto no solo de ser la primera súper heroína de un cómic que da el gran salto a la pantalla, sino también el obtener su primer gran protagónico.

Muchos retos. Muchas expectativas. ¿Lo lograron?

Gadot entrega una Diana (o Mujer Maravilla) carismática, entregada y con la actitud confiada que ameritaba este personaje; apoyada de un co-protagónico masculino como Chris Pine y el carisma que le caracteriza, la química entre ambos es sin duda la mejor arma con la que esta película cuenta.

Aunque sabemos que quienes tienen que brillar son nuestro protagonistas, los papeles secundarios se sienten desperdiciados, siendo tal vez Robin Wright (House of Cards, 2013) y Said Taghmaou los más memorables en sus cortas apariciones.

El guion de la cinta está escrito por Allan Heinberg, quién da el salto de la TV al cine, respaldado de Jason Fuchs y nada más ni menos que la cabeza de este fallido universo cinematográfico de DC, Zack Snyder.

La directora, pese a tener un guion con algunas incoherencias y notables fallas, logra construir narrativamente y visualmente una película emocionante, con un humor que no se siente forzado sino fundamental para la construcción de los personajes, así como logra de igual manera tomas memorables casi salidas de la hoja del cómic a la pantalla que le dan a nuestra amazona protagonista el porte y tratamiento que merece.

En cuanto a la historia, y lo cual considero justo para este universo sin brújula de DC y Warner, es la forma de dejarse de secretismos e insinuaciones y dar por hecho el verdadero origen de este personaje y la mitología detrás de la misma para denominarla como se debe: UNA DIOSA.

Patty Jenkins logra poner todo su estilo en los primeros dos actos de la cinta siendo visualmente notable y con momentos memorables, pero lamentablemente, entrega un apresurado último acto con un giro de tuerca forzado y, con lo que yo llamo, “el mal de Snyder”.

Después de memorables secuencias de acción con poco uso del CGI y un manejo de la cámara en slow motion y acrobacias sorprendentes, la cinta nos entrega otra batalla climática como Snyder lo hiciera con “Man of Steel” y “Batman Vs. Superman: Dawn of Justice”: escenario y villano completamente en CGI, saturación visual y un final pobremente aterrizado.

Pese a esto, es la visión de Jenkins la que pesa más que la obsesión, y me atrevo a decir, del estudio, por querer empatar el estilo visual que Snyder marcó, y que no necesariamente sea el ideal para este universo.

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