Si bien es cierto que el futbol es uno de los deportes más rentables económicamente hablando, lo que ocurrió apenas hace unos días con el traspaso del ex jugador del Barcelona Neymar al Paris Sanit Germain, es sin duda un antecedente de la desproporción a la que ha llegado este deporte practicado por millones de jugadores, ya que parece no tener tope financiero a la hora de negociar algún traspaso, y que al ser una disciplina con un incalculable número de seguidores es evidente que lo único que motiva estas insólitas cifras simplemente es el negocio.

Por la salida del jugador brasileño de España a Francia, se tuvo que pagar 222 millones de euros, una cantidad que sin duda está fuera de órbita y lo coloca como el jugador más caro de la historia en el futbol mundial. Si pensábamos que lo habíamos visto todo con los traspasos de Zidane, James Rodríguez, Cristiano Ronaldo o Pogba por citar a algunos, simplemente no tenemos ni idea hasta dónde puede llegar la ambición de un club y de un futbolista a la hora de firmar contratos estratosféricos.

Es evidente que no existe el Fair Play financiero, al menos así lo demostró el presidente del club francés Al – Khelaïfi, quien haciendo gala de su poder adquisitivo sencillamente rompió con todos los candados y blindajes que protegen el contrato de un jugador de la envergadura de Neymar, sin embargo en torno a esta nueva contratación multimillonaria existen diversos cuestionamientos. ¿Realmente vale la pena pagar tanto por un jugador, sea de la calidad que sea? ¿Es en el caso de Neymar una garantía de que brillará intensamente con el equipo parisino? ¿Qué compromiso extraordinario deberá mostrar el jugador amazónico como garantía de la cantidad que pagaron por él?.

Estas son algunas de las preguntas que rondan mi cabeza, porque no creo que sea tan fácil que a alguien se le entregue una suma millonaria sin que tenga la garantía de recuperar semejante inversión. Entiendo que no solo es el tema futbolístico, seguramente habrá patrocinadores, venta de suvenirs, exclusividades y una serie de condiciones en su cláusula de contrato que sin dudarlo se traducirá en millones de euros.

La contratación de Neymar ha roto todas las cifras puestas sobre un jugador de este deporte, es sin duda un record que no me atrevo a decir que será el más alto en la historia del futbol, porque seguramente en unos meses podríamos estar hablando de algo que supere esta transacción, pero hoy ha sido motivo de la noticia más sobresaliente en los periódicos deportivos de todo el mundo.

Según alguna información de la prensa francesa, el jugador brasileño devengará anualmente 47.5 millones de dólares de sueldo, y siendo más inquisidores este astro del futbol ganará 3.958 millones dólares al mes, 913 mil 461 dólares a la semana, más de 130 mil dórales por día, más de 5 mil 400 dórales por hora y más de 90 billetes verdes por minuto, lo que significa que hasta durmiendo este crack se llenará de dinero por lo menos en los próximos años.

Debe ser difícil manejar a cuestas la responsabilidad de “valer tanto” porque obligadamente se esperan resultados futbolísticos, empatía con los aficionados, logros tangibles que se traduzcan en ganancias y dinero para el club. No sé si esto le permitirá dormir tranquilo por lo que implica su traspaso, o de plano dormirá mejor que nunca sabedor de que estará rodeado de carretadas de billetes.

Neymar, es en este momento el claro ejemplo de que el dinero está por encima de lo deportivo, cada vez hay menos sentido de pertenencia en los clubes y que con dinero baila el perro, no hay nada que “Don Dinero” no pueda comprar, más allá de los afectos deportivos, más allá de querer jugar futbol, nos ha dado la muestra de que los méritos deportivos no significan mayor cosas cuando de por medio hay un vendaval de millones de dólares. Ojalá los valga y ojalá que a alguien se le ocurra promover un tope económico en las transferencias antes de que el deporte más popular del mundo nos aplaste a todos y quede fuera de nuestro alcance.

 

Hasta la próxima, espero sus comentarios:

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