El título de esta columna está tomado del poema de Mario Benedetti del mismo nombre.

Llegamos apresuradxs al albergue para hacer las entrevistas, el padrino ya nos tenía todo organizado: «Sí, aquí ya los tengo a todos juntxs para que no se nos pierdan, primero Juan, luego Lucía, Alberto, José Luis, Rosa y, por último, Víctor». Miré a las personas que ya hacían cola para ser entrevistadas, algunas con cara como de que iban al matadero, pero la mayoría con disposición a abrirnos su corazón. Al final de la fila estaba una joven mujer. El tema: SIDA y contagio.

Cada testimonio era más desgarrador que el otro. Aquí quiero decirles que lxs periodistas no somos de goma, que exponerte a este tipo de relatos te afecta, y mucho, porque se trata de la vida real. Después de la tercera entrevista, pregunté: «¿Cuántas faltan?» Necesitaba un descanso, no podía con tanta miseria.

El padrino respondió: «Solo faltan José Luis, Rosa y Víctor». Miré, al final estaba la joven mujer. Pensé: «Que Víctor ni que Víctor, este se equivocó».

Otra tanda de vidas increíbles y de una violencia inusitada y, sí, nos reservaron para el final lo más impactante.

La joven se sentó frente a mí inquieta, me miraba directo a los ojos, más alta que yo, apiñonada, un poco pasada de peso. Vestía un pants gris pegado que hacía resaltar sus pechos y sus caderas y su mirada escrutaba, cuestionaba, «¿qué vas a hacer con mi historia?».

¿Cómo te infectaste de SIDA? «Fue por drogas. Cuando empecé a pasar de niña a adolescente, sentí molestias en los genitale,s el calzón me rozaba, le pedí a mi mamá que me revisara. Se espantó mucho y me dijo «¡Yo no quiero fenómenos en mi casa, vete, agarra tus cosas y vete!». Me corrió, no me quedó más que la calle y, además, no entendía por qué. En la calle una amiga me ayudó a ponerme un espejo y mirar. ¡Me estaba brotando un pene! Soy hermafrodita».

Yo pensé, « ¡Esta mujer no sabe de qué está hablando!» ¿Quién te dijo eso? «Mis amigos me consiguieron una cita con una médica, ella me explicó todo».

Oye, pero la médica debió avisar a la OMS. «Nunca más la volví a ver, me desaparecí en las calles, ahí hay de todo, así me topé con las drogas y me infecté de SIDA con una aguja usada. Cuando mi familia se enteró que yo estaba enferma, me permitieron regresar a casa, pero solo por un tiempo. Me aplicaron la terapia del clarasol, lo que tocara, vasos, platos, sábanas. Mi mamá las lavaba diario con clarasol. Además, les pudo más mi condición de hermafrodita y me volvieron a lanzar a la calle. Así fue como llegué a este refugio».

¿Y tú, con qué te identificas más, con lo femenino o con lo masculino? «Con lo masculino, por eso me llamo Víctor y me relaciono solo con mujeres».

Por supuesto, tuve la intención de pedirle que me mostrara, ¡en mi vida he visto una mujer con pene!, pero pudo más el respeto profesional por no invadir aún más su vida privada y, claro, mi propio miedo fue toda una mezcla de emociones y sentimientos. Ahí terminé la entrevista. Cabe señalar que ese día quedé agotada y nos fuimos todo el equipo de producción a Garibaldi para emborracharnos.

Al paso del tiempo le recuerdo mucho, estoy hablando de hace veinte años. ¡Sí él hubiera nacido unas decenas de años después, su vida habría sido distinta! Quizá.

 

Nos leemos la próxima semana.

✉️ botellalmar2017@gmail.com

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