Se ha afirmado que los rasgos faciales pueden revelar a un criminal y también que las asimetrías faciales pueden estar relacionadas con la pobreza. Serios estudios científicos han desestimado claramente ambas afirmaciones. Hace tiempo se trató en esta columna la falsa relación entre rasgos faciales y criminalidad  (“¿Cara de criminal?”, 11/07/2013), y se citaba un artículo publicado por investigadores de Argentina, Brasil, España y México, que rebatía con argumentos fundados, la afirmación de que las caras reflejan, de alguna manera, los instintos criminales.

Pero parece ser que hay un poderoso impulso por parte de algunos científicos, en buscar en la expresión facial rasgos asociados con el comportamiento o la condición social. Nuevamente esta supuesta asociación es desmentida por otros investigadores.: Así es que el estudio: “El satus socioeconómico no está relacionado con la asimetría facial fluctuante: evidencia de poblaciones latinoamericanas”, Mirsha Quinto-SaÂnchez,  et al, un esfuerzo conjunto de investigadores de varios países latinoamericanos, descarta contundentemente cualquier posible relación entre rasgos faciales y status socioeconómico. Si los criminales no se pueden identificar por la cara, tampoco se puede identificar a los pobres por la cara.

Como muchas veces se ha asociado belleza con simetría, los rasgos faciales asimétricos definirían a alguien como “feo”. Lo que se deduciría de las hipótesis descartadas por la evidencia es que “los pobres son feos”. Pero la belleza y la fealdad, según Umberto Eco, están relacionados con la historia y la cultura. En su magnífica “Historia de la fealdad”, Eco señala: “A menudo la atribución de belleza o de fealdad se ha hecho atendiendo no a criterios estéticos, sino a criterios políticos y sociales. En un pasaje de Marx (Manuscritos económicos y filosóficos de 1844) se recuerda que la posesión de dinero puede suplir la fealdad: ‘El dinero, en la medida en que posee la propiedad de comprarlo todo, de apropiarse de todos los objetos, es el objeto por excelencia Mi fuerza es tan grande como lo sea la fuerza del dinero Lo que soy y lo que puedo no está determinado en modo alguno por mi individualidad. Soy feo, pero puedo comprarme la mujer más bella. Por tanto, no soy feo, porque el efecto de la fealdad, su fuerza ahuyentadora, queda anulado por el dinero’.

Buscar supuestos rasgos para identificar a los pobres por la cara, es algo que nos lleva a ignorar las cosas que verdaderamente importan, como la injusticia social creciente en el mundo actual, que condena a millones al hambre y a la miseria, y es una actitud que se parece mucho a la del agresor que culpabiliza a la víctima. Si la marca de la pobreza se llevara en la cara, sería algo propio del individuo y no de la sociedad. Una visión muy conveniente para ocultar la realidad. Hay científicos al servicio del poder y sus mentiras, y también hay quienes sirven a la verdad y la ciencia. Los pobres no son feos, lo que es feo es la pobreza.

 

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