Hace unos días tuve la oportunidad de obsequiarle un libro a mi mejor hija, titulado Corazón. Diario de un niño; de la autoría de Edmundo de Amicis; y gustosamente les comparto que a pesar de sus 10 años de edad, empieza a adoptar el hábito de la lectura, cuando menos así me lo ha manifestado, después de haber leído dos libros históricos, uno de ellos El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, y El Diario de Ana Frank, un texto que ha conmovido a millones de personas por el contexto y las circunstancias que rodean el relato de la niña judía.

Pero debo de reconocer que por curiosidad, busqué información relacionada sobre el hábito de la lectura en México y evidentemente las cifras son desalentadoras, ya que en ese rubro nuestro país ocupa el penúltimo lugar en el mundo en lectura de libros entre 108 países del mundo. En promedio un mexicano lee menos de tres libros al año, en comparación con Alemania donde la cifra llega a 12 libros de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

De la mano de esta avasallante cifra, también está vinculada la poca asistencia de las personas a las bibliotecas que ha caído estrepitosamente, es casi nula la visita a estos centros de información, lo anterior porque la tecnología aún con sus bondades vino a desplazar las consultas de textos en papel y por consecuencia el interés por los libros.

En el año 2012 la Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura A.C. dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de lectura, y en ella se pudo observar que disminuyó un 10 por ciento el número de lectores del año 2006 al 2012, lo que se traduce en que más de la mitad de la población no lee libros.

También en su oportunidad el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y la Secretaría de Educación Pública (SEP), realizaron de manera paralela la Encuesta Nacional sobre Prácticas de Lectura 2006, la cual arrojó que cerca de una tercera parte de los encuestados afirmó leer menos de dos horas a la semana, además de que el 54.3 por ciento no ha comprado un libro durante un año.

Es claro que estas cifras no deben hacernos sentir orgullosos de ninguna manera, porque la lectura además de ser una puerta al conocimiento, también enriquece el desarrollo de los niños, como la memoria, el lenguaje, la capacidad de abstracción, la imaginación, entre otras cosas. Estoy convencido que leer debe estar estrechamente ligado al placer de saber más, de descubrir otros escenarios y transportarnos a otros lugares a través de la imaginación.

Diversos análisis revelan que al leer se activan procesos cognitivos que enriquecen la mente, hay estudios que incluso asocian la lectura con la felicidad de una persona. Leer literatura principalmente, nos permite razonar con mayor detalle ciertas circunstancias de la vida y nos permite ser más analíticos a la hora de tomar decisiones.

Tristemente México ha sido un país culturalmente alejado de la lectura, y qué decir de las últimas décadas con la llegada de la tecnología, que nos sumerge mayormente en textos vanos, superfluos y lo que es peor aún, sin fundamento alguno.

La lectura es enriquecedora, el olor sui generis de las hojas de un libro jamás podrá ser sustituido, adentrarse a historias fascinantes no tiene comparación, buscar un resquicio de tiempo para leer de hoja en hoja, es algo que solo los lectores sabemos de lo que se trata, subrayar textos, regresarse algunas páginas para reforzar lo leído es parte del maravilloso mundo de la lectura. Ojalá querido lector, tengas la oportunidad de anclarte a la lectura como un hábito que solo la tinta y el papel nos pueden ofrecer.

 

Hasta la Próxima

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