Los soldados son entrenados para obedecer órdenes, no para analizarlas ni someterlas a ningún juicio racional. La Primera Guerra Mundial, la “Gran Guerra” como también se la conoce, comenzó en julio de 1914. El 4 de agosto Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania. De la noche a la mañana miles de jóvenes fueron alistados y enviados al frente de batalla.

Las cifras varían según los historiadores, pero, ¡al menos 10 millones de personas murieron en el conflicto! Para darse una idea de la magnitud del asesinato masivo que es una guerra, y la Primera Guerra Mundial en especial, ¡27 mil soldados franceses murieron en un solo día, el 22 de agosto de 1914!

Al comienzo, muchos creyeron que habría terminado para Navidad. Pero llegó la Navidad de 1914 y el fin se veía cada vez más lejos. Empantanados en una feroz guerra de trincheras, los soldados de ambos bandos vivían un infierno. Las cartas y presentes que llegaban para las tropas en el frente acrecentaban la nostalgia del hogar lejano. Entonces ocurrió algo que no estaba previsto, algo que no encajaba en los rígidos esquemas militares. Fue una resquebrajadura, una grieta que reveló que a pesar de la manipulación, del entrenamiento para matar, del patriotismo exacerbado por la propaganda bélica, todavía algunos podían comportarse como seres humanos.

En el frente occidental, donde británicos y alemanes estaban atrincherados, separados por una “tierra de nadie” sembrada de cadáveres, comenzaron a  producirse una serie de ceses del fuego espontáneos y no oficiales. En algunos lugares se encontraron alemanes y británicos para estrecharse la mano, intercambiar objetos o patear un balón de fútbol. La tregua de Navidad, decretada por la tropa, duró sólo uno o dos días, pero fue un hecho sorprendente y que vale la pena recordar, porque fue una decisión autónoma y espontánea que deja la esperanza: se pueda algún día desobedecer la orden de matar a otro ser humano.

Confraternizar con el enemigo es algo que aterra a los generales, está a un paso de la traición, la corte marcial y el fusilamiento. Sin embargo ocurrió. Luego hubo algunos desplazamientos de unidades y el encubrimiento de la noticia para evitar que el ejemplo cundiera. Al año siguiente, en 1915, volvió a presentarse una situación similar que fue ocultada hasta hace muy poco, nuevamente se trató de una iniciativa espontánea de combatientes de ambos bandos.

Estas treguas no fueron completas, no abarcaron todo el frente de batalla, fueron victorias efímeras, victorias obtenidas por los soldados británicos y alemanes que por unas horas recuperaron su dignidad como seres humanos. Vale la pena recordar a esos verdaderos héroes anónimos cuya actitud nos dice que otro mundo es posible, que no debería haber guerras en el mundo.

 

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