En el segundo episodio de la primera temporada de la serie creada por Vince Gilligan, Breaking Bad, titulado “Cat’s in the Bag”, vemos Walter y Jesse metidos en un embrollo, en el cual buscan deshacerse de los cuerpos de dos mafiosos, y que, en busca de no dejar rastro alguno, Walter White como el profesor de química que es, sugiere disolver los cuerpos en ácido. Terrorífico y a la vez inaudito, ¿no crees?

Fue justo esta semana que uno de los sucesos más atroces que le ha tocado vivir en los últimos años al país me recordó, lamentablemente, a este episodio. Un relato de ficción, que esta semana, en el contexto del acto cometido, se volvió un indignante y repugnante caso real.

El pasado 19 de marzo, Salomón, Marco y Daniel, tres jóvenes estudiantes de cine de la Universidad de Medios Audiovisuales de Guadalajara (CAAV), con la pasión que caracteriza a las futuras promesas del cine en el país, se encontraban filmando un proyecto, cuando justo al querer volver a casa, fueron privados de su libertad.

¿Y por qué razón? Según reportes de la Fiscalía General de Jalisco, los tres estudiantes, quienes habrían estado filmando en la propiedad de la tía de uno de ellos, de acuerdo a lo reportado, esta era utilizada por un cartel del estado, que resultó ser grupo rival del de uno de los más “importantes” de Jalisco, y quiénes los habrían “levantado” al creer que los futuros cineastas formaban parte del grupo rival.

“Sin saberlo, los estudiantes estuvieron en un lugar de grande riesgo”, declaró la fiscalía.

Después de ser privados de su libertad, los estudiantes fueron infamemente asesinados. Pero, no bastó con eso, este grupo criminal encomendó la tarea a un personaje que aparte de criminal, también se declaró rapero, quien, por 3 mil pesos, a la Breaking Bad, se deshizo de los cuerpos de los estudiantes disolviéndolos en tambos que contenían ácido.

Disueltos…

en ….

Ácido.

 

Como si esto fuera una película escrita o dirigida por David Fincher o Quentin Tarantino, solo que esto, no es una película, es la realidad del país en el que vivimos.

Salomón, Marco y Daniel hacían lo que les apasionaba, estaban filmando un proyecto juntos, querían hacer cine, y al final, terminaron siendo parte de esta “película” de horror mezclado con gore; terminaron siendo parte de otro episodio más de esta serie de violencia que vive el país.

Terminaron siendo parte de la estadística de los miles de muertos y desaparecidos que van tan solo este año, forman parte de la estadística de la cual también forma parte esa otra pesadilla de 43 estudiantes, que se presume, habrían sido incinerados en un basurero.

México forma parte de esas inolvidables y nauseabundas fábricas de “películas” de terror que se viven alrededor del mundo, y que lo peor de todo es que, o no logran concretar un final, cualquiera que sea, o el final, resulta uno para la infamia. Ese final llamado impunidad.

 

 

¡No somos 3, somos todos!

 

Twitter: @AlbertoMoolina

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