Dos noticias llamaron la atención entre el empresariado hidalguense, el pasado viernes: la primera, difundida por el diario El Economista, en el sentido de que Grupo Vasconia augura tiempos difíciles para México si López Obrador gana el 1 de julio y anunció un freno a sus inversiones y contrataciones, y la segunda, por El Universal, de que los inversionistas mexicanos buscan proteger sus capitales y han salido del país más de siete mil 799 millones de dólares, según reporta el Banco de México.

Y no es para menos. La realidad es que el líder de Morena y candidato presidencial  avanza ventajosamente en la contienda, con 15 puntos por encima del panista Ricardo Anaya y 25 puntos del priista José Antonio Meade, de acuerdo a la última encuesta de Mitofsky, difundida por Animal Político hace unos días.

Cuando sólo faltan 35 días para las elecciones presidenciales se vializa como un hecho el triunfo del tabasqueño, de lo que está muy consciente el propio López Obrador, quien no tiene empacho en declarar que “este arroz ya se coció”.

Seguro de su triunfo, López Obrador ha dejado a un lado su postura lisonjera con el sector empresarial, y luego del “tete a tete” con Carlos Slim por el tema del aeropuerto, ha venido recrudeciendo su mensaje en el sentido de echar abajo las reformas emprendidas por Enrique Peña Nieto, de gran impacto en los sectores productivos.

Poco a poco el tabasqueño de nacimiento pero veracruzano “de corazón”, ha venido develando su auténtico rostro, sus auténticas intenciones, dejando en claro que sus lemas de amor y paz y hasta religiosas, no han sido sino artimañas electoreras.

Seguro de contar con el voto de los mexicanos “de a pie”, de los pobres, en un país en donde la riqueza se concentró y la pobreza se acrecentó, López Obrado ya no siente la necesidad de quedar bien con los empresarios, sobre todo con aquellos que afirma, están ligadas a la “mafia en el poder”.

¿Qué hará realmente López Obrador al llegar a la Presidencia de la república? ¿Qué tendrá que hacer para satisfacer la mezcla de melcocha y la magnesia que propició para poder ganar? Y lo que es más grave, ¿cuál será el proceder de quienes concentran la riqueza y temen perderla?

Hablaba en días pasados con un empresario sobre la bárbara subcontratación que se ha generado en el país por quienes, con el poderío económico para financiar –te construyo y luego me pagas-, la obra pública, obtienen los más jugosos contratos para luego subcontratar a empresas medianas y llegar en calidad de migajas a las pequeñas.

De que es injusto, lo es… pero si así recibimos migajas, aunque sea, es mejor que ni migajas obtener”, me comentaba el empresario.

¿Qué pasaría si Carlos Slim decidiera salirse de México en el sexenio de López Obrador y mudar sus inversiones a otros países, en donde se le recibiría con júbilo, y dando un ejemplo a seguir por los empresarios? Sí, definitivamente se justifica el temor que invade a los hombres y mujeres de empresa, y la inestabilidad financiera que vive en estos momentos el país.

Y es que le guste a López Obrador o no, lo acepte o lo rechace, la realidad es que son los empresarios los que sostienen económicamente al país, los que generan los empleos que permiten a empleados y trabajadores pagar impuestos, y juntos, empresarios y trabajadores, sostener al aparato burocrático, al poder Legislativo y al Sistema Electoral, y sus derroches.

Mucho se le apostó a una “metida de pata” del tabasqueño, que le llevara, como en el sexenio anterior, a perder las elecciones; hubo quienes se fueron tras un espejismo llamado “pri-mor”; hay quienes tienen esperanzas en la debilidad en la salud del puntero, pero pasan los días y sigue avanzando.

Ante este panorama sólo queda insistir en que lo mejor es leer, empaparse de información, interpretar y dar un voto razonado el 1 de julio. Y sí la mayoría de los mexicanos llevan a Los Pinos a López Obrador, pues entonces aceptar su triunfo y tratar de seguir adelante.

 

✉ dolores.michel@gmail.com

COMPARTIR