Queridas amigas y amigos, les platico que la semana pasada tomé un taller de literatura infantil con la joven Karen Villeda aquí en Pachuca y luego de lo que pasó con una de mis sobrinas, me animé a escribir una nueva versión de Caperucita Roja, aquí se las dejo.

Había una vez una joven quinceañera que recibió como regalo de cumpleaños una caperuza roja que le tejió su mamá y un teléfono celular inteligente.

-Creo que ya eres lo suficientemente madura para hacerte responsable del uso de tu propio teléfono-, le dijo su madre convencida de que con la menarca llegaba la prudencia.

-Recuerda que sólo es para hablar con tus amigxs sobre tareas y para comunicarte con tu abuelita que te extraña tanto. ¡Prohibido hablar con extraños!-. Advirtió severamente la mamá de la muchacha.

Apenas subió todas las aplicaciones, caperucita habló con su abuelita por Skype.

-¡Qué bueno verte abuelita, te extraño mucho desde que te fuiste a vivir a la Ciudad de México!-.- ¿Te puedo ir a visitar?-. dijo animada la niña.

-¡Cuando quieras mijita, aquí te espero, yo voy por ti a la Terminal del Norte, no tendrás ningún problema en llegar!-, señaló conmovida la mujer.

Apenas colgó Caperucita y lejos de hacerle caso a su mamá, ingresó al internet y buscó una página para conocer jóvenes de su edad.

Así conoció al usuario que se hacía llamar “Lobo”, de 15 años, como ella y recién ingresado al Colegio de Ciencias y Humanidades Vallejo en Ciudad de México. Caperucita observó muy bien la foto de Lobo, no era feo, -se dijo-, se veía bien con esa camiseta del emoticon que tiene las manitas cerca de la cara con expresión de: “¡vaya usted a saber!”.

Le puso un tímido “me gusta” y a partir de ahí se desgranó una conversación que duraba varias horas al día. Lobo la entendía muy bien, en ocasiones parecía que le adivinaba el pensamiento y siempre tenía las palabras justas cuando, triste, Caperucita, le platicaba de las discusiones con su mamá y de la añoranza por su abuelita.

Un día, Lobo le escribió:- ¿Por qué no vienes a México a ver a tu abuelita y de paso nos conocemos?, ¡será muy divertido conocernos en persona!-.

Caperucita se animó, habló con su abuelita para ponerse de acuerdo. Entre las dos convencieron a la mamá para que la dejara ir ése viernes a mediodía. Estaría de regreso a más tardar el domingo en Pachuca, ¡sana y salva!

Su mamá la llevó a la Central de Autobuses, desde el torniquete vio cómo su hija, muy segura, entregaba su boleto al chofer y subía al camión.

La abuelita la estuvo esperando casi dos horas, entonces llamó a su hija. -¡Caperucita no llegó!

La verdad es que la joven se bajó del ADO en la estación Deportivo 18 de Marzo, donde la estaba esperando Lobo.

Lobo no tenía 15 años, no usaba camisetas con emoticones ni era Cecehachero, realmente era el proxeneta más conocido del Cuadrante de la Soledad en La Merced, le decían “Lobo” por su extrema crueldad con las niñas que captaba a través de las redes sociales.

Cuando Caperucita despertó del golpe seco que le habían dado en la cabeza, literal, estaba en la guarida del lobo. Recibió golpes y amenazas, lo primero que le quitaron fue el celular, y luego todo lo demás.

Caperucita vivió los siguientes 5 meses en calidad de bulto, rara vez estaba consciente, aun así en el fondo de su alma suplicaba que esa pesadilla terminara de una buena vez. Lo único que mantenía indemne su humanidad, eran las visitas cotidianas de una gatita atigrada de ojos verdes a quién le puso por nombre Puchel.

Caperucita envidiaba la valentía de Puchel, ¡esa gatita no se amedrentaba con nada!, también le daba mucho cariño, se acostaban juntas en el suelo sobre la caperuza roja que le tejió su mamá.

Un día de manera totalmente inesperada, la policía capitalina por órdenes de la nueva gobernadora Claudia Sheinbaum, arrasaron con el lugar. En ésa ocasión no hubo “pitazo”, ni dinero, ni cochupos, ni traiciones, se llevaron a todos así, con los calzones abajo.

Lobo salió en todos los noticieros y mediante el nuevo sistema de justicia, muy pronto se logró la pena más alta alcanzada hasta entonces por el delito de trata. Ciento veinte años de cárcel sin liberación anticipada, por todas las vidas que truncó de tantas jóvenes que no quisieron creer que eso les podría pasar a ellas.

Por su parte, Caperucita tuvo mucha suerte, el día que la policía irrumpió en aquellas cuevas a las que pomposamente llamaban habitaciones, fue un enorme caos. En medio de él, apareció Puchel y literalmente la guio a las manos de una joven recién egresada de la academia policial y experta en el manejo de víctimas de trata.

Caperucita, además de estudiar, se dedicó entonces a platicar su historia en escuelas y universidades, se convirtió luego en la conferencista más joven de la plataforma TED.

Un futuro brillante le esperaba a Caperucita, con los años, se convertiría en la primera Procuradora General de la República, experta en Derechos Humanos.

 

✉ Botellalmar2017@gmail.com

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