El encuentro que sostuvo la semana pasada Andrés Manuel López Obrador  con quien fuera uno de sus contrincantes en la búsqueda de la Presidencia de México, José Antonio Meade, puso de manifiesto que para el ganador de la elección la guerra ha terminado y que cuenta con don de gentes para recibir en su casa familiar al ex candidato de Todos por México y para reconocer públicamente que se trata de “una persona decente, buena y honorable”.

El 1 de julio, tras conocerse que López Obrador había arrasado en la votación él mismo comunicó su intención de encontrarse posteriormente con los demás candidatos presidenciales y así ocurrió, al menos con  quien representaba al PRI.

Esa reunión significó para muchos una  muestra de reconciliación nacional, por lo que queda claro que el virtual presidente electo no tiene ánimo de restar sino de sumar. Además, ese encuentro volvió a colocar en el candelero político la posibilidad de Meade Kuribreña se integre al Banco de México, lo que reforzaría la idea de que López Obrador tiene más ánimo pacificador que guerrero.

El desayuno amistoso habla de madurez política de las dos partes, lo que da una lección de que es posible conciliar intereses y anteponer posiciones políticas en aras de lograr una sana y buena convivencia.

En cambio, en Hidalgo se sigue una estrategia equivocada de parte de la fracción ganadora para ocupar 17 de 18 curules de mayoría con las que cuenta el Congreso local.

El martes pasado  los diputados electos de Morena y personas afines al Grupo Universidad, así como integrantes de  la organización política de Cipriano Charrez, Movimiento Social Patriótico, protagonizaron un zafarrancho en las instalaciones del Congreso estatal, con la intención de impedir la realización de la sesión correspondiente.

En lugar de que esos grupos favorezcan al partido Movimiento de Regeneración Nacional, al cual al parecer flanquean en estos momentos, lo debilitan con el uso de recursos de protesta que son contrarios al diálogo y a la negociación, en vez de recurrir a las instancias legales para  resolver sus diferencias buscan bloquear los caminos del entendimiento por medio de la fuerza.

Sin duda que a las demandas planteadas el martes pasado hizo falta una estrategia de difusión de las posturas, pues ya no es tiempo de gritos ni sombrerazos, ni mucho menos de intimidaciones públicas como las que sucedían en la década de los 70 o las que emplean Cipriano Chárrez para conseguir sus objetivos.

Como dijo la periodista Denis Merker, estos grupos demuestran “cómo se generan ‘monstruitos’, que también eran del PRI y después se fueron pasando a donde pudieron con un enorme disgusto de la gente de Morena del propio estado de Hidalgo”.

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